Resumen de Cien años de soledad – Capítulo 1

por Álvaro Felipe, 3 Mayo 2008 10:41 PM

Sinopsis:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Macondo, en ese entonces, era una pequeña aldea a la que llegaban todos los años, por el mes de marzo, los gitanos dirigidos por Melquíades, llevando los últimos inventos de la ciencia. El patriarca y fundador de Macondo, José Arcadio Buendía, se obsesiona con los inventos de los gitanos al extremo de descuidar a su familia. Descubre que la tierra es redonda y planea un viaje para encontrar la tierra de los inventos, pero luego de un peligroso viaje, solo llegó al mar. Ante su decisión de abandonar Macondo, Úrsula, su mujer, lo detiene y le dice que se ocupe de sus hijos. José Arcadio se entretiene en darles leccciones poco verídicas a sus hijos, José Arcadio y Aureliano. Cuando vuelven los gitanos, José Arcadio se entera de la muerte de Melquíades. Además, junto con sus dos hijos, conoce el hielo, que el cree es el más grande invento de su tiempo.


<< Capítulo anterior Índice Capítulo siguiente >>

Capítulo 1

Inicios de Macondo. Los gitanos llegan en marzo.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo, en ese entonces, era una pequeña aldea de unas veinte casas construidas a la orilla del río a la que todos los años, por el mes de marzo, los gitanos, dirigidos por Melquíades, visitaban Macondo y llevaban los adelantos de la ciencia. Primero llevaron el imán y la gente se asombró cuando vio que los clavos y las cacerolas cobraban vida propia e iban detrás de los lingotes imantados. José Arcadio Buendía pensó que así podría encontrar oro. Melquíades, que era honrado, lo previno: “Para eso no sirve”; pero no lo convenció. José Arcadio Buendía, entusiasmado con hacerse rico, exploró todo Macondo con sus imanes y solo encontró una armadura antigua.

José Arcadio Buendía se obsesiona con la Alquimia

Cuando volvieron los gitanos, llevaron el catalejo y mostraron a una mujer que estaba al fondo de la colina tan cerca como si estuviera a un metro. “La ciencia ha eliminado las distancias”, pregonó Melquíades. También llevaron la lupa y demostraron que concentrando los rayos de sol en un punto determinado, se podía prender fuego. José Arcadio Buendía pensó que las propiedades incendiarias de la lupa podrían tener usos más importantes que quemar unas hojas secas y diseñó una compleja arma de guerra; además redactó un didáctico manual y lo envió por correo a las autoridades del gobierno, convencido de que lo citarían para que adiestre a sus ejércitos en el uso de su nueva tecnología, pero se equivocó nuevamente. Pero Melquíades, como prueba de su honradez, le dio a cambio de la lupa unos mapas y unos instrumentos de navegación. José Arcadio Buendía empezó nuevamente a ensimismarse en sus experimentos, observaba al sol y a las estrellas y un día, a la hora del almuerzo, soltó su descubrimiento:

―La tierra es redonda, como una naranja.

Úrsula, su mujer, creyó que se había vuelto loco; pero cuando volvieron los gitanos, Melquíades se encargó de desagraviar a José Arcadio Buendía diciendo que, en efecto, la tierra era redonda. Además le regaló un laboratorio de alquimia. Escuchando los relatos de Melquíades, José Arcadio Buendía descubrió que podía conseguirse la piedra filosofal y doblar el oro. Emocionado, le pidió a Úrsula permiso para desenterrar sus monedas, luego las metió en un caldero, echó hierbas, minerales, grasa de cerdo y lo hirvió todo junto. Al final, el oro se había convertido en una sustancia pastosa aplastada en el fondo del caldero.

José Arcadio, fundador de Macondo, decide buscar la tierra de los inventos

Cuando volvieron los gitanos, la población se sorprendió al ver a un Melquíades juvenil, cuando la última vez estaba decrépito. “En el mundo están ocurriendo cosas increíbles ―le decía José Arcadio Buendía a Úrsula―. Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como los burros”.

Al inicio, José Arcadio Buendía fue el más trabajador del pueblo; distribuyó uniformemente las casas para que todas reciban igual cantidad de sol y desde todas se llegue al río con la misma cantidad de pasos. También había llenado el pueblo de pájaros que cantaban al unísono y llenaban al pueblo con sus trinos. Así que cuando llegaron los gitanos, dijeron que se habían guiado por el canto de los pájaros. Desde entonces José Arcadio Buendía enloqueció pensando en la alquimia y emprendió la tarea de encontrar una ruta que uniera a Macondo con los grandes inventos. Lo ayudaron varios hombres del pueblo y viajaron por muchos días por senderos desconocidos, abriendo trocha con sus machetes, comiendo carne de guacamayos y pasando por terrenos fantasmales hasta que, después de dos semanas de aventuras, encontraron un barco en el desierto, en mitad de la nada. José Arcadio Buendía no se desalentó y continuó por cuatro días más hasta que llegó al mar, un mar sucio y espumoso que terminó de humillarlo.

―¡Carajo! ―gritó― Macondo está rodeado de agua por toda partes.

Úrsula impide un nuevo viaje de su marido y lo hace atender a sus hijos

Cuando volvió trazó un mapa caprichoso de Macondo, un mapa falso y casi vengativo, mientras rumiaba la idea de trasladar al pueblo a un lugar mejor. Cuando Úrsula lo vio no le dijo nada, pero tenía preparada su respuesta; así que cuando José Arcadio Buendía, con todas sus cosas listas para mudarse, le dijo que se iban, ella fue terminante:

―No nos iremos. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo.

―Todavía no hemos tenido un muerto ―dijo él―. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra.

―Si es necesario que yo me muera para que se queden aquí ―replicó ella con suave firmeza―, me muero.

José Arcadio Buendía tuvo que rendirse ante la voluntad de su mujer. Pidió a sus hijos que le ayuden a desclavar sus cajas y, como si acabaran de nacer, empezó a ocuparse de ellos con la misma firmeza que le aplicó a sus experimentos de alquimia. El mayor, José Arcadio, tenía catorce años y había nacido en el viaje antes de la fundación de Macondo; el segundo, Aureliano, iba a cumplir seis y desde su nacimiento se había caracterizado por su mirada profunda. José Arcadio Buendía se sintió renovado, le enseñaba a sus hijos la geografía en mapas antiguos, también a leer y a sacar cuentas, hasta que un día detuvo la lección cuando escuchó los tambores y las sonajas de los gitanos.

Llegan nuevos gitanos. Melquíades ha muerto

Eran gitanos nuevos con muchas cosas nuevas: la gallina que ponía cien huevos de oro al día, la máquina que pegaba botones y bajaba la fiebre, el mono amaestrado que adivinaba el pensamiento, el aparato para olvidar los malos recuerdos y tantas cosas más que José Arcadio Buendía quiso inventar la máquina de la memoria para no olvidarse de ninguna. Salió llevando a sus dos hijos de la mano y se metió entre la multitud buscando a Melquíades, pero ninguno entendía su lenguaje, hasta que un gitano, que anunciaba un jarabe para hacerse invisible, se lo dijo: “Melquíades murió”, justo antes de desaparecer. Después otros gitanos se lo confirmaron, Melquíades había muerto por las fiebres y su cuerpo había sido arrojado al mar. Pero a los niños no les importó la turbación de su padre porque querían ver una de las atracciones que se anunciaba como el último invento de los sabios de Memphis. José Arcadio Buendía pagó los treinta reales y entraron a una carpa donde un gigante destapó un enorme cofre. Dentro había un gran bloque transparente cruzado por varias agujas interiores. Desconcertado, intentando explicarles a sus hijos el fenómeno, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:

José Arcadio Buendía y sus hijos conocen el hielo.

―Es el diamante más grande del mundo.

―No ―corrigió el gitano―. Es hielo.

José Arcadio Buendía pagó el dinero para que él y sus hijos puedan tocarlo. Aureliano lo hizo pero retiró la mano asustado; José Arcadio, en cambio, no se atrevió a hacerlo. Pero su padre no les prestó atención, estaba tan maravillado con los avances de la ciencia que exclamó:

―Este es el gran invento de nuestro tiempo.

Álvaro Felipe


<< Capítulo anterior Índice Capítulo siguiente >>



Si este artículo te gustó también puedes leer:

10 comentarios para “Resumen de Cien años de soledad – Capítulo 1”

  1. juan rojas dice:

    esta breve su resumen bacan y aunque yo soy de colombia lo use pa mi escrito que quedo suave todobien parce

  2. enana dice:

    muy bueno tu resumen
    sigue asi!

  3. diana dice:

    super muchas fracias

  4. esta muy chiro
    me ayudo a hacer
    una tarea de castellano
    gracias

  5. camila dice:

    la verdad es que me fue de mucha ayuda este resumen ya que lo necesitaba un monton………me encanto!!!!

  6. nelson dice:

    thank you for your summary

  7. katiuska dice:

    de verdad muchas gracias me es de mucha ayuda ese resumen te lo agradesco

  8. karen dice:

    gracias por esa tareota con esta tarea salvo español

  9. carolina dice:

    Holas

    la verdad esta muy bueno tu resumen, ayuda demasiado en los trabajos e investigaciones.

    Gracias por aportar tus conocimientos…

  10. valeria dice:

    gracias por este resumen me ayudo mucho con la materia y de nuevo gracias

Antes de comentar recuerda:

  • NO MAYÚSCULAS
  • No skrIBiR koMo esKriBen LoS IdiOtas
  • No comentarios que no tengan relación con este tema (off-topic)
  • No lammers
  • No insultos
  • No referencias a dios o a religión alguna

Ahora sí, comenta:

Diseño creado por Themocracy y personalizado para Álvaro Felipe por AulaWeb.pe