Resumen de don Qujiote (Primera parte – capítulo 2)

Continúo con mi resumen del Quijote.

Sinopsis del capítulo 2:

Don Quijote sale de su casa al amanecer, sin avisar a nadie, muy emocionado y creyendo que las generaciones venideras recordarán con gran admiración ese momento. Durante el día no le sucede nada y llegada la noche encuentra una posada que el imagina que es un gran castillo. Allí le dan de comer una cena repulsiva que el imagina es un manjar de reyes.


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CAPÍTULO II

Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote

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Hechos todos los preparativos mencionados, no quiso perder más tiempo pues sentía que el mundo sufriría mucho con su tardanza pues había muchas injusticias que castigar, sinrazones que enmendar y deudas que satisfacer. Así que una mañana, antes que amanezca, sin decirle nada a nadie se armó con su armadura, su lanza y su adarga y salió al campo muy contento por el comienzo de sus aventuras. pero ni bien salió le asaltó un pensamiento terrible: aún no había sido nombrado caballero y mientras no lo fuera no podía desempeñarse como tal y no podría vivir todas las aventuras que deseaba. Esto le hizo titubear un poco, pero decidió que el primero con el que se topase sería quien lo nombrara caballero y siguió su camino dejando que el caballo trazase la ruta a su antojo.

Y sintiéndose gran caballero, empezó a hablar solo:

―¿Cómo escribirá mi historia el sabio cronista que tenga el honor de narrar mis aventuras? Seguro dirá: “Apenas el rubio Apolo había tendido por la espaciosa tierra su dorada cabellera y los pajarillo habían saludado con sus armoniosos cantos la llegada de la rosada aurora sobre el campo manchego, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, subió sobre su caballo Rocinante y empezó a andar por el campo de Montiel”

Y justo por ese campo caminaba, luego añadió:

―Dichoso el siglo que tenga la honra de ver escritas mis hazañas, y esculpidas en los mármoles y entallarse en los nombres. Quienquiera que seas, sabio que narrarás mis aventuras, no te olvides de mencionar a mi valiente Rocinante.

y Luego decía como si de verdad estuviera enamorado:

―¡Oh, señora Dulcinea!, me has hecho mucho daño al no despedirte de mí cuando salí en busca de mis andanzas. Te ruego que te acuerdes de mí y de mi corazón que tanto sufre por tu amor.

Así iba hablando varios disparates intentando imitar lo más posible a los libros de caballerías que había leído. Para entonces el sol se había elevado y el calor era tan fuerte que a don Quijote se le habrían derretido los sesos si es que hubiera tenido algunos.

Durante todo el día no le sucedió nada digno de contarse, y por la noche, con mucha hambre y cansancio, llegó a una posada que a él le pareció que era un castillo con sus torres y su puente levadizo. En la puerta estaban por casualidad dos prostitutas que iban de paso con unos arrieros. Don Quijote detuvo a su caballo y esperó a que un enano sujetara las riendas y tocara la corneta anunciando la llegada de un caballero. En eso un enano tocó un cuerno pues estaba arreando cerdos y don Quijote se contentó mucho pues creyó que lo estaban anunciando. Así que se acercó a la puerta, y las muchachas que ahí se encontraban se asustaron al ver un hombre así vestido completamente de metal y con lanza y escudo; pero don Quijote, para tranquilizarlas les dijo:

―No teman, hermosas doncellas, que un caballero como yo, vive para protegerlas y jamás les causaría daño alguno.

Las muchachas, como se oyeron llamar doncellas, cosa tan distinta al oficio al que se dedicaban, estallaron en carcajadas. Don Quijote se enojó por sus risas y les reclamó pero ellas no lo advirtieron. Tal vez les hubiera ido mal de no ser porque salió el posadero que era un hombre gordo y le ofreció los servicios de su posada a don Quijote, a excepción de cama, que no había ninguna disponible en ese momento.

―Para mí ―le respondió don Quijote al posadero― cualquier cosa basta porque “mis arreos son las armas, mi descanso el pelear…

El ventero entonces notó que nuestro hidalgo no andaba bien de la cabeza, pero vio que no sería peligroso tenerle ahí, así que cogió las riendas de Rocinante y don Quijote le dijo que lo trate con sumo cuidado pues era el mejor caballo que comía pan en el mundo. Luego las muchachas, le ayudaron a quitarse la armadura de la parte del pecho y la espalda pero era imposible quitarle el casco porque estaba amarrado con unas pitas anudadas fuertemente y la única forma sería cortarlas, pero don Quijote no lo permitió, así que tuvo que comer con el casco puesto.

Le llevaron un pedazo de un bacalao mal cocido y un pan tan negro y mugriento como la armadura de don Quijote y el hidalgo tuvo que hacer grandes esfuerzos para comer con el casco puesto. En eso un castrador de puercos sonó su silbato unas cuatro veces y don Quijote terminó de confirmar que estaba en un gran castillo donde lo recibían con música, unas hermosas doncellas y una cena digna de reyes. Pero seguía preocupado por no haber sido nombrado caballero aún.

Álvaro Felipe


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7 Comments

  1. jose dice:

    QUE BUEN RESUMEN
    GRACIAS

  2. lola dice:

    muchas felicitadades por esta idea genial de poder escuchar el capitulo, la verdad sirve y mucho.
    este libro no me resulta muy facil de comprender asi que esta pagina me vino estupendamente bien.
    gracias.
    atte lola

  3. liceth dice:

    muchismas gracias esto me ayudo mucho

  4. marie dice:

    me sirvio bastante su pagina ya que pude entender mejor estos primeros capitulos de donquijote

  5. lidia dice:

    MUY BUENO ASI CONOCERIAMOS MAS LIBROS QUE BIEN QUE ESTA ESTO LO FELICITO

  6. Jehn dice:

    Me gusta el hecho que este el audio junto con el texto.

    Vale por lo escrito.

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