César Vallejo – Biografía
César Vallejo (1892 – 1938) fue nuestro mayor poeta y uno de los más importantes del continente. Su vida estuvo marcada por una secuencia inverosímil de eventos tristes: perdió a su madre mientras él estaba en Lima, fue encarcelado injustamente, tuvo varios fracasos editoriales (en el teatro principalmente), nunca tuvo una vida sosegada (en el aspecto económico) y murió en la pobreza total y sin el reconocimiento literario merecido. En 1923 salió del Perú rumbo a París y nunca volvió a su tierra (murió, 15 años después, en la capital francesa). Viajó a Rusia y también a España que lo dejó conmovido por la desgracia de la guerra civil.
Inicio mi serie de biografías con la del mayor poeta peruano, iniciador del Vanguardismo en el Perú y Latinoamérica, pues un peruano que no conozca a César Vallejo se pierde mucho de su tradición. Esta biografía es parte de un estudio que realicé sobre César Vallejo y que sinteticé luego para las guías de clase de un conocido colegio limeño, así que si por ahí ven un texto escolar con esta biografía, sabrán quien fue su autor.
Vida de César Vallejo
César Vallejo nace en Santiago de Chuco, departamento de La Libertad, el 15 (o tal vez el 16) de marzo de 1892, último hijo de una familia de doce hermanos tendrá un apego a su familia y a su tierra que mantendrá a lo largo de su obra. Viaja a Huamachuco y luego a Lima pues quería estudiar Medicina, pero pronto regresa al norte y se inscribe en la Universidad de Trujillo donde estudia Filosofía y Letras y se gradúa con la tesis El romanticismo en la poesía castellana. Trabaja también como profesor de primaria (Ciro Alegría recordaría con orgullo a su profesor César Vallejo) y consigue un trabajo en la hacienda “Roma”; en ella verá, desde su posición privilegiada, la explotación que sufren los trabajadores, con sueldos míseros y condiciones muy duras. Escribe sus primeros trabajos literarios y participa también en el grupo Norte liderado por Antenor Orrego.
En 1917, envía uno de sus poemas al crítico limeño más importante por esos tiempos Clemente Palma, hijo del bibliotecario. En la revista Variedades, Clemente Palma, sin la capacidad para detener su soberbia ignorancia le responde lo siguiente: “Nos envía usted un soneto titulado El poeta a su amada que en verdad lo acredita a usted para el acordeón o para la ocarina antes que para la poesía. Su versos son burradas más o menos infectas y que hasta el momento de largar al canasto su mamarracho no tenemos de usted otra idea sino la de deshonra de la colectividad trujillana, y que si descubrieran su nombre el vecindario haría lazo y lo amarraría en calidad de durmiente en la línea del ferrocarril de Malabrigo”. Veamos, nosotros mismos, los versos que para Clemente Palma eran burradas:
EL POETA A SU AMADA
Amada, en esta noche tú te has sacrificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.En esta noche rara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.
En 1918 llega a Lima y conoce a Abraham Valdelomar quien lo presenta con el grupo Colónida y le ofrece prologar su primer poemario Los heraldos negros que para ese año ya estaba impreso. Sin embargo, en espera del prólogo (Valdelomar era el núcleo de la literatura peruana de ese entonces), llega 1919 y con él la muerte del poeta iqueño, así que César Vallejo debe publicar su libro, en 1919, sin el prólogo de Valdelomar y con la fecha de impresión de 1918.
En 1920 regresa a su tierra, pero su madre ya ha muerto, en casa nadie le contesta y, poco después, es acusado de promover unos disturbios callejeros que terminaron en un incendio. Vallejo es encerrado tres meses en prisión, con la angustia de no solo haber perdido su libertad, sino también a su madre. Así recordaría su llegada a la casa familiar en el poema sesenta y uno de Trilce:
LXI
Esta noche desciendo del caballo,
ante la puerta de la casa, donde
me despedí con el cantar del gallo.
Está cerrada y nadie responde.El poyo en que mamá alumbró
al hermano mayor, para que ensille
lomos que había yo montado en pelo,
por rúas y por cercas, niño aldeano;
el poyo en que dejé que se amarille al sol
mi adolorida infancia… ¿Y este duelo
que enmarca la portada?Dios en la paz foránea,
estornuda, cual llamando también, el bruto;
husmea, golpeando el empedrado. Luego duda,
relincha,
orejea a viva oreja.Ha de velar papá rezando, y quizás
pensará se me hizo tarde.
Las hermanas, canturreando sus ilusiones
sencillas, bullosas,
en la labor para la fiesta que se acerca,
y ya no falta casi nada.
Espero, espero, el corazón
un huevo en su momento, que se obstruye.Numerosa familia que dejamos
no ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cera
puso en el ara para que volviéramos.Llamo de nuevo, y nada.
Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal
relincha, relincha más todavía.Todos están durmiendo para siempre,
y tan de lo más bien, que por fin
mi caballo acaba fatigado por cabecear
a su vez, y entre sueños, a cada venia, dice
que está bien, que todo está muy bien.
La muerte de su madre sería una herida que jamás iba a cicatrizar y que ya vislumbraba en “Los dados eternos”, como acusando a Dios del día en que su madre lo tenga que dejar.
En 1922 escribe Trilce, libro revolucionario y que despertó críticas muy opuestas. Muchos poemas de Trilce habían sido compuestos en la cárcel, durante los tres meses de encierro. Si Los heraldos negros fue un libro con mucho de modernismo (aunque ya se veían los elementos propios de Vallejo), Trilce inicia la poesía vanguardista en nuestro país, con una revolución total del lenguaje. La significación de la palabra Trilce ha rayado en el mito: se ha dicho que era un acrónimo de triste y dulce, o de triste y celda, o de tres hermanos (Aguedita, Nativa y Miguel) o de tres soles (precio de la edición de la portada) y no faltó algún despistado que dijo que era una palabra cabalística formada a partir de las cifras de los poemas del libro. Sin embargo lo que sabemos de buena fuente es que el libro se iba a llamar inicialmente Cráneos de bronce, nombre por demás modernista, y que el autor llevaría el seudónimo de “César Perú”. Sus amigos le criticaron esa decisión tan poco afortunada y Vallejo pidió al editor el cambio de su seudónimo por su verdadero nombre. El editor dijo que necesitaría tres libras adicionales para ejecutar su pedido y Vallejo, preocupado pues no contaba con el dinero, fue meditando en la cifra “tres, tres, tres, tres” hasta que, deformándola salió Trilce.
Al año siguiente, 1923, parte para Europa sin saber siquiera de qué va a vivir. Se instala en París y vive de sus colaboraciones en revistas europeas y publicaciones peruanas, conoce también a muchos intelectuales famosos: Tristán Tzara, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, entre otros. En 1928 viaja a Rusia y conoce el marxismo, en 1929, de vuelta a París,se casa con la francesa Georgette Phillipart. en 1930 está por primera vez en España donde escribe su novela El tungsteno y Paco Yunque, además escribe obras teatrales. estará de vuelta en España en 1937 en plena guerra civil española y se lamenta al ver la caída de la República. Se identifica con los soldados revolucionarios que publican su poemario España aparta de mí este caliz de manera clandestina en 1939 y que fue desaparecida casi en su totalidad por los franquistas. Son quince poemas que terminan con el hermoso poema que titula el poemario.
ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ
Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptóngo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!
Niños,
hijos de los guerreros, entretanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquella de la trenza,
la calavera, aquella de la vida!¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llando
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aun
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta; si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!…
Vuelve a Francia en 1937, aunque de manera clandestina pues en 1930 se le había declarado indeseable en tierras francesas por su filiación comunista, y a fines del mismo año, tal como cuenta Georgette, se dedicó a escribir versos de manera acelerada y febril. Estos poemas serían agrupados por la viuda Georgette de Vallejo y Raúl Porras Barrenechea en una edición póstuma titulada Poemas humanos (1939). Este último libro incide en el dolor humano, universal que no puede dejarlo indiferente:
“Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis? (…)”
En 1938 cae enfermo gravemente, pero no tenía de qué preocuparse, para él lamuerte era un descanso, un momento climático donde se reuniría consigo mismo; sin embargo, enfermo de paludismo, su tratamiento costaba 3 mil marcos (cuenta Georgette) y no estaba en una situación terminal, lamentablemente nadie se sentía avalado por el nombre de César Vallejo para facilitarle ese dinero. Vallejo, como sabiendo que su vida dura, angustiosa y llena de golpes, “hay golpes en la vida”, se le estaba escapando escribió un desgarrador poema en el que, creo yo, no profetiza su muerte, más bien se resigna a lo inevitable:
PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París y no me corro
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y durotambién con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…
Se equivocó, pero no en lo esencial lamentablemente, murió un viernes santo, “y que hay un viernes santo más dulce que ese beso”, la mañana del 15 de abril de 1938. En París llovía ligeramente mientras se nos iba el más grande poeta de nuestra historia y el caso más triste también pues su fama mundial llegó después de su muerte cuando la vida le dio tantos sinsabores que parece que él mismo había sentenciado. Nunca pudo escaparse de los heraldos negros que le mandaron la muerte.
LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma Yo no sé!Son pocos; pero son Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.Y el hombre Pobre pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!


!! Viva Cesar Vallejo…
– tristeza su vida.. la fama despues
– de muerto en la pobreza–
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muy interante la vida de vallejo fue un poeta muy inspirado en lo k escribia y muy dedicado al amor y a su madre
cesar vallejo era un poeta muy inspirado sobre todo cuando veia a los demas fue un gran poeta escribio poemas muy bonitos
amigo tu trabajo es bastante interesante y oportuno, pues habla del que quizas sea el hombre de letras mas importante que nuestro pais ha dado vida, pero como suele suceder ese mismo pais lo resigna a la muerte con el inclemente latigo de la indiferencia. Vallejo ha muerto solo para los ignorantes de su legado, basta con apreciar ,de buen modo, un poema suyo para creer que seguira perdurando en la conciencia de las almas sensibles que aun existen, por suerte…
bueno me gusto mucho por hay algunos de mis amigos que no le interesa del poema megusto por yo no sabia que su historia de vallejo fuera asi
¡¡¡¡¡VIVA CESAR VALLEJO!!!! URRA ..
..bueno el publico muchos libros el era grandioso ahora el es mucho mas conocido por sus obras y poesias ¡VIVA CESRA VALLEJO!!!
está información esta excelente
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