Resumen de Cien años de soledad – Capítulo 3

por Álvaro Felipe, 14 Mayo 2008 7:43 AM

Sinopsis:

El hijo de Pilar Ternera y José Arcadio fue llamado Arcadio y fue criado junto con Amaranta y Rebeca (una niña que llegó de improviso llevando un saco con los huesos de sus padres y fue adoptada por los Buendía) como si fueran hermanos. Rebeca tenía el vicio de chuparse el dedo y comer tierra. Por ese entonces, los animalitos de caramelo que vendía Úrsula propagaron una peste de insomnio que degeneró en una de amnesia. Aunque intentaron combatirla, no culmina hasta la llegada de Melquíades (que regresa de la muerte) que trae el remedio. Aureliano decide vivir sin mujer para siempre pues se cree impotente, mientras José Arcadio Buendía intentaba sacar la fotografía de Dios. Úrsula decide remodelar y agrandar la casa en vista de que Rebeca y Amaranta son dos bellas señoritas. Cuando la casa iba a ser pintada de blanco, una orden del corregidor obliga a hacerlo de azul. Al final llegan a un acuerdo José Arcadio Buendía y el corregidor. De esa conversación, Aureliano queda enamorado de la hija menor del corregidor, que apenas tenía nueve años y podría haber sido su hija por la edad.


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CAPÍTULO 3

Nace Arcadio y es cuidado con Amaranta. Aureliano se dedica a la platería

El hijo de Pilar Ternera y José Arcadio recibió el nombre de José Arcadio, pero terminaron por llamarlo Arcadio para evitar confusiones. Fue criado junto con la pequeña Amaranta por los indios guajiros y ambos aprendieron antes la lengua de los indios que el español. Sin embargo, Úrsula no les prestó atención pues andaba demasiado ocupada en su negocio de animales de caramelo. Macondo se había renovado con la nueva gente. También José Arcadio Buendía se sentía nuevo, renovó su empeño de los tiempos de la fundación de Macondo, trazó planos, diseñó las casas y adquirió tal autoridad en el pueblo que nadie modificaba su casa sin antes consultarlo con él. Aureliano se había empeñado en esos tiempos en la platería, andaba tan atareado que su padre pensó que le hacía falta una mujer y le dio un poco de dinero. Pero Aureliano gastó el dinero en agua regia y embelleció las llaves con un baño de oro. “No tienes de qué quejarte —le decía Úrsula— los niños heredan las locuras de sus padres”. Entonces, Aureliano se quedó mirándola fijamente y le dijo:

—Alguien va a venir.

Llega Rebeca, trayendo los huesos de sus padres

Úrsula no le tomó mucha importancia, desde que había llegado la gente nueva siempre venía alguien a Macondo. Pero el domingo se cumplió el pronóstico de Aureliano: llegó Rebeca.

Era una niña de menos de once años que llevaba arrastrando un saco con los huesos de sus padres muertos. Además llevaba una carta donde explicaba que sus padres eran parientes lejanos de los Buendía, así que se quedaron con ella y como no había cementerio en Macondo conservaron la talega sin sepultar. Aureliano tuvo la paciencia de leerle todo el santoral pero la niña no respondió a ningún nombre, así que la llamaron Rebeca pues ese era el nombre de su madre que figuraba en la carta.

Por mucho tiempo, Rebeca no se incorporó a la vida familiar, andaba escondida chupándose el dedo y ni siquiera comía. Cuando se preguntaban cómo no se moría de hambre descubrieron que comía la cal de las paredes y la tierra del piso. Úrsula se empeñó en quitarle el vicio, le echó hiel de vaca a la tierra, le hizo tomar jarabes a la fuerza y añadió correazos al tratamiento. Pero cuando Rebeca se curó de su manía empezó algo peor.

Peste del imsomnio

Una noche, la india que cuidaba a Rebeca la vio despierta en medio de la noche, chupándose el dedo y con los ojos brillantes y se espantó pues reconoció los síntomas de la peste del insomnio. Pronto sus temores quedaron aclarados. Por la noche nadie tenía sueño y al llegar a la mañana todos se sentían tan descansados como si hubieran dormido dos días. José Arcadio Buendía no entendía por qué era una peste si, al contrario, no dormir les daba más tiempo libre, pero la india le explicó que lo malo no era no dormir sino que con el tiempo se perdía la memoria. La peste del insomnio estaba en los animalitos de caramelo que vendía Úrsula y pronto todo el pueblo la había contraído. Al principio todos se emocionaron con la novedad, pero pronto quisieron dormir, no por cansancio, sino por nostalgia, así que se bebieron un preparado de hierbas hecho por Úrsula; pero no durmieron, sino que soñaron despiertos y uno podía ver los sueños de los otros pasando al frente como si la casa se hubiera llenado de visitantes. Así fue como conocieron a los padres de Rebeca. Y como nadie estaba seguro de la causa de la peste y sus formas de contagio, decidieron que todas las personas sanas debían tocar una campanita para que nadie se les acerque y las contagie.

José Arcadio Buendía intenta combatir la pérdida de la memoria

Cuando la peste del insomnio empezó a quitarles la memoria, José Arcadio Buendía diseñó una forma de recordar el nombre de las cosas y escribió, con un hisopo entintado, el nombre de las cosas en cada una. Luego escribió la descripción de cada cosa, pues comprendió que no solo olvidarían los nombres, sino también la utilidad de todos los objetos. En la vaca quedó la siguiente inscripción: “Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para sacar leche, y a la leche hay que hervirla para mezclarla con café y hacer café con leche”. Pilar Ternera, que antes les leía el futuro en las cartas, les leyó el pasado en las barajas con tanta fortuna que no paraba de recibir clientes que preferían vivir un pasado ilusorio que recordar el verdadero con tan complejos métodos. José Arcadio Buendía también construyó la máquina de la memoria, compuesta por una rueda llena de tarjetitas. Había que girar la manivela y en pocos minutos se veían todos los conocimientos necesarios para vivir tranquilo.

Melquíades regresa de la muerte y acaba con la peste del imsomnio

Había escrito unas catorce mil fichas cuando llegó un visitante a Macondo, era decrépito y estaba vestido de negro. Entró a la casa de José Arcadio Buendía, saco unos frascos de su maleta y le dio de beber de uno a José Arcadio Buendía y así le hizo recobrar la memoria. El visitante era Melquíades y dijo que había regresado de la muerte pues no soportaba la soledad. La amistad de José Arcadio Buendía y Melquíades rejuveneció, limpiaron el antiguo laboratorio y el gitano le mostró un nuevo invento: la daguerrotipia. De aquella época era el único retrato de los Buendía donde se veía a Aureliano, vestido de terciopelo negro, entre Amaranta y Rebeca; tenía la misma mirada lánguida que todos le conocieron siempre. Hasta entonces nadie le había conocido una mujer. En realidad no la había tenido.

Aureliano se acuesta con una adolescente prostituida por su abuela

Meses después volvió Francisco el hombre, un anciano trotamundos que se ganaba la vida llevando noticias de un lugar a otro. Apareció sin previo aviso en la tienda de Catarino y con él llegó una mujer muy gorda y una mulata adolescente. Mientras Francisco el Hombre relataba las noticias, Catarino con una rosa artificial en la oreja aprovechaba para tocar a los hombres donde no debía. Cuando Aureliano estaba por irse, la mujer gorda le dijo:

—Entra tú también, solo cuesta veinte centavos.

Adentro Aureliano se encontró con la adolescente desnuda, tenía el pellejo pegado a las costillas y la piel en carne viva. Dos años antes había dejado una vela encendida y el fuego había consumido la casa de su abuela. Desde entonces debía acostarse con setenta hombres por noche, a veinte centavos cada uno, y según sus cálculos le faltaban todavía diez años para pagarle la casa a la abuela. Aureliano salió de la tienda sin haber hecho nada y al día siguiente fue a la tienda con la firme determinación de casarse con la muchacha y liberarla de la tiranía de la abuela, pero para entonces ella ya había abandonado el pueblo. Con el tiempo, Aureliano decidió se un hombre sin mujer para ocultar su impotencia.

Melquíades inicia la daguerrotipia (fotografía) y Úrsula empieza la remodelación de la casa

Por ese entonces, Melquiades andaba tomando fotografías de todo lo fotografiable en Macondo y le dio la máquina a José Arcadio Buendía quien se obsesionó en obtener la fotografía de Dios o en todo caso, comprobar que no existía. A Úrsula los años se le iban en sus negocios de bizcochos y dulces para mantener la economía familiar que un día se quedó sorprendida de descubrir que Amaranta y Rebeca se habían convertido en dos hermosas señoritas, así que sacó sus ahorros acumulados en esos años y empezó la remodelación de la casa para hacerla un lugar digno de sus dos hijas. La casa se llenó de gente que apresuraba su trabajo y poco a poco fue saliendo entre el desorden la casa más espléndida que se había visto en Macondo. Cuando la casa estaba lista y solo faltaba la pintura blanca para la fachada, les llegó un papel firmado por el corregidor enviado por el estado. La orden era que debían pintarse las fachadas de azul para celebrar el aniversario de la república.

Llega don Apolinar Moscote, ordena que se pinten las casas de azul y José Arcadio Buendía lo echa del pueblo

Don Apolinar Moscote, había llegado silenciosamente al pueblo y había improvisado un despacho para atender sus asuntos. Ahí lo encontró José Arcadio Buendía cuando fue a reclamarle por el papel que le había llegado. “¿Usted escribió este papel?”, le pregunto. “¿Con qué derecho?”, le preguntó luego. “He sido nombrado corregidor de este pueblo”, dijo don Apolinario Moscote.

—En este pueblo no mandamos con papeles. Además no necesitamos corregidor porque aquí no hay nada que corregir.

Antes que don Apolinario Moscote pudiera contestar, le contó como vivían pacíficamente y en orden y como no habían necesitado nunca de la intervención del gobierno para resolver sus asuntos.

—De modo que si quiere vivir aquí sea bienvenido —concluyó José Arcadio Buendía— pero si quiere implantar el desorden obligando a que la gente pinte su casa de azul puede agarrar sus cosas y largarse por donde vino. Porque mi casa será blanca como una paloma.

—Quiero advertirle que estoy armado —contestó el corregidor lleno de temor.

—Esto lo hago —dijo José Arcadio Buendía al tiempo que levantaba al corregidor por las solapas y lo ponía en el camino de salida- porque prefiero cargarlo vivo y no tener que seguir cargándolo muerto por el resto de mi vida.

Regreso de Apolinar Moscote junto a su familia, tregua con los Buendía, enamoramiento de Aureliano

Una semana después, don Apolinario Moscote estaba de regreso, con su mujer, sus siete hijas y seis soldados descalzos, armados con escopetas.

José Arcadio Buendía, acompañado por su hijo Aureliano, fue a hablar con el recién llegado. Apolinario Moscote no perdió la calma al verlos; les presentó a dos de sus hijas, Amparo, de dieciséis y Remedios, de nueve, una niña preciosa con piel de lirio y ojos verdes.

—Muy bien —dijo José Arcadio Buendía— usted se queda, pero no por miedo a sus soldados, sino por consideración a su mujer y a sus hijas. Solo le ponemos dos condiciones: la primera, cada quien pinta su casa del color que quiere; la segunda, esos soldados se van, nosotros garantizamos el orden.

—¿Palabra de honor?

—Palabra de enemigo —respondió José Arcadio Buendía- porque usted y yo seguimos siendo enemigos.

Los soldados se fueron y todo el mundo quedó en paz, menos Aureliano. La imagen de Remedios se le quedó doliendo en alguna parte del cuerpo, casi le molestaba para caminar, como una piedrecita en el zapato.

Álvaro Felipe


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Sin comentarios “Resumen de Cien años de soledad – Capítulo 3”

  1. Andreaaa dice:

    Publiquen el resumen de los demás capitulosssssss por favooooooooooor

  2. alvarofelipe dice:

    Estoy trabajando en eso, un poquito de paciencia. Ojalá el día tuviera 48 horas, así acabaría más rápido. Paciencia, paciencia

  3. alvarofelipe dice:

    En un par de días tendré listo el capítulo 4. Podría hacer los veinte capítulos de un solo tirón, pero sería más de las reseñas poco profesionales que hay en toda la web. Espero me comprendan.

  4. vAlE dice:

    pS tE kErIa agRadEcEr pOR lOS rEsUmEnES esTaN sUpeR bUenos mE hAn seRviDo mUcHo! gRacIaS

  5. miguel dice:

    no solo tenes hasta el quinto capitulo

  6. andrea dice:

    gracias pero te faltan mas sigue que sirven mucho

  7. isabela dice:

    la verdad ta fallo te faltan mas resumenes pero estan bien hechos

    Álvaro Felipe Dice: poco a poco, paciencia.

  8. daniel avelllaneda alanya dice:

    gracias era ese capitulo el q buscaba

  9. Andrea dice:

    una pregunticaa en que capitulo muere melquiades?

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