Anecdotario docente 1: La piñata

por Álvaro Felipe, 22 Mayo 2008 6:58 AM
Colegio María de los Ángeles, Surco, Lima, Perú. Año 2007

Ingreso al salón de quinto año, hemos perdido clases por los ensayos para las olimpiadas y por la confirmación así que me apresuro porque el año se acaba y no podré culminar con el curso. Cruzo la puerta, varios alumnos aún no han vuelto del recreo, me llega, aseguro la entrada y dejo a los demás afuera mientras empiezo a repartir hojas rayadas para tomar la evaluación sobre Cien años de soledad.

Hay espectativa mía y de los estudiantes, la novela de Gabo les ha encantado así que la evaluación es bien recibida. Miro mi reloj, tenemos tres horas, el examen durará una y las otras dos las usaré para terminar con El amor en los tiempos del cólera. Suelto un respiro de alivio, me encantaría al fin no perder clases y cumplir mis tres horas como se debe. Tocan la puerta, no son los alumnos que dejé afuera. Es la sicóloga, Graciela (no recuerdo su apellido).

—Profesor, lo citan para una reunión urgente en la sala de profesores.

Puta mare, pienso, ¿por qué en este colegio siempre hacen sus reuniones en horas de clase? Miro a los alumnos con sus hojas, preparados para que les dicte las preguntas. Miro mi reloj, miro a los alumnos. Puta mare, vuelvo a pensar, como joden.

—Niños —tienen de 16 a 17 años pero siempre les he dicho niños, ya no se ofenden—, me informan que hay reunión urgente. Así que aprovechen el tiempo para repasar. Ya regreso para tomarles el examen.

Me dirijo a la sala de profesores donde encuentro apenas a unos cuatro, preguntándose que puede ser tan urgente para obligarnos a suspender clases.

Cinco minutos.

Diez minutos.

Quince minutos.

Miro mi reloj y empiezo a mandarle saludos mentales a la mamá de la coordinadora. Otro jueves sin hacer clase en el salón de quinto año. Y ellos terminan el colegio en un mes.

Llega la coordinadora, Marianela Anaya (no estoy seguro del apellido) y ahí no más sus dos lustrabotas (entiéndase como profesor sobón, salamero, adulador, servil) David Falconí (dizque profesor de historia) y Percy Widdup (dizque profesor de aritmética). Nos saluda, mira su reloj y dice, con su comportamiento exasperantemente flemático, que será breve para que no perdamos tiempo. Yo me pregunto (y por las caras de los demás creo que no solo yo me lo pregunto) si no iba a llegar a tiempo a la reunión ¿para que nos hace perder veinte minutos de clase?

—Profesores, como saben la chocolatada navideña va a ser mañana -dice miss Marianela, juntando las manos como si rezara y circulando la mirada por la salita.

Todos asienten con la cabeza con bastante desgano, excepto sus lustrabotas que están cruzados de brazos y con una expresión en la cara de sentirse importantes.

—Así que los he citado —continúa la coordinadora— para informarles que por decisión de la doctora, la chocolatada se realizará en el patio con todos los alumnos ordenados por sus tutores y no en cada salón como se había dicho en un inicio.

Yo pienso: “Ya, chocolatada en el patio, avisar a mis alumnos del cambio, organizar los cambios de planes y listo, reunión acabada, vuelvo a mi salón a dar mi examen de Cien años de soledad“, pero me equivoqué.

—Pero ya habíamos quedado en hacerla en los salones —se queja Julia Calderón (dizque profesora de castellano)—. Yo ya organicé todo con mis alumnos. Van a traer bocaditos, gaseosas y en el patio se van a confundir.

“Te cambian el plan un poquito y de tu cerebro sale humo”, pienso mirándola con cólera. “Chocolatada en el patio, mensaje comprendido. Cambio y fuera, ¡cambio y fuera!”

—Es verdad —dice David Falconí—, también yo he organizado un show con mis alumnas en el salón. También los bocaditos y los regalos. Además que en el salón los tengo controlados, en el patio se van a desbandar.

“Fuck you, asshole” pienso mirándolo, ¿por qué no se dan cuenta que robar el tiempo de los demás es una falta de respeto?

—Pero la doctora ha dado esa orden —intenta conciliar la coordinadora— y ya es irrevocable.

Me sorprendo de que la coordinadora conozca la palabra irrevocable.

Y se nos va media hora más entre “voy al patio o me quedo en el salón”, “en el salón mis alumnos tomarán su chocolate sentaditos en sus sillas y en el patio no”, “ya organicé todo en mi salón y el cerebro no me alcanza para planificar un cambio con un día de anticipación”. Hasta que un profesor lanzó la bomba del día:

—Miss Marianela, en mi salón dos de mis alumnas se comprometieron a traer una piñata cada una, ¿si bajamos al patio que haríamos con la piñata?

—Es verdad —dice la coordinadora con una expresión de haber comprendido al fin el castellano—, ¿qué hacemos con la piñata? Y son dos piñatas, ¿cómo hacemos con dos piñatas en el patio?, ¿las ponemos en el centro para compartirla entre todos?- y la expresión de esfuerzo mental en su cara me hace pensar que está hallando la cuadratura del círculo.

—Son muchos alumnos para dos piñatas —interviene Graciela con las ínfulas desesperantes de todo sicólogo. Se amontonarían y no podríamos controlarlos.

—Entonces, ¿cómo hacemos? —suplica la coordinadora. Parece que el esfuerzo mental es demasiado y podría desencadenar un acceso de llanto.

—Una de mis alumnas ya ha comprado la piñata, ya la tiene en su casa —dice el profesor que inició este tema— pero la otra solo se ofreció a traer una, aún no la ha comprado, entonces le puedo decir que ya no la compré. En ese caso solo tendríamos que preocuparnos por una piñata y no por dos.

—Entonces es solo una piñata —dice con alivio la coordinadora— entonces, ¿que la compartan? Podríamos abrirla y lo que hay adentro lo compartimos entre todos.

—Pero la piñata deben abrirla los mismos niños —dice Julia Calderón— si la abrimos nosotros antes no tendría sentido traer una piñata.

“¿Por qué no hacen un test de CI antes de contratar a esta gente?”, pienso. Miro mi reloj, la reunión ya tiene más de una hora.

—Entonces ¿cómo hacemos? —insiste la coordinadora en el mismo tonito moribundo que irrita.

—Le digo a mi alumna que no traiga la piñata entonces —opina atinadamente el profesor y pienso “al fin, se acabó la reunión, regreso a mi salón”

—Pero tu alumna se sentirá mal si le rechazas su colaboración —dice la sicóloga Graciela—, no creo que sea lo correcto.

—Entonces, ¿cómo hacemos? —ruega la coordinadora nuevamente.

Y yo no hablo porque lo único que se me ocurre es mandar a todos al carajo por hacerme perder mi tiempo con “LA FILOSOFÍA DE UNA PIÑATA”.

—Entonces que la repartan solo entre los alumnos del salón del profesor —opina David Falconí con la mejilla casi pegada a la mesa y haciendo muecas tontas.

—Pero como van a repartir la piñata solo entre sus alumnos si todos van a estar en el patio —interviene Percy Widupp, intentando que la protuberancia en su vientre se vea masculina.

Dos minutos

Piñata

Cinco minutos

Piñata

Diez minutos

Piñata

Veinte minutos

Piñata

Termina la reunión (ha durado casi dos horas) y la conclusión fue: mejor no llevar la piñata a la chocolatada. He perdido clase nuevamente. Le digo en voz baja a un profesor mientras salimos de la sala de profesores:

—¿La reunión era para debatir la metafísica de la piñata?

Él se encoge de hombros y apenas esboza un sonrisa. Vuelvo a mirar mi reloj y me encanta como brillan sus agujas. Regreso al aula, apenas me alcanza el tiempo para tomar la evaluación sobre Cien años de soledad.

—Primera y única pregunta —les digo a mis alumnos—, escriban: “¿Qué puntos de contacto encuentra entre la realidad Latinoamericana con la que se vive en Macondo?”

—¿Eso es todo? —pregunta un estudiante

—Sí, es todo —respondo—. Una sola pregunta que vale veinte puntos.

Nadie lo puede creer pero no les queda otra que empezar. Sonrío levemente al ver como sufren porque no saben como iniciar, luego ocurre la magia de la literatura.

—Saquen sus libros y úsenlos para ayudarse a contestar.

Se emocionan, sacan sus ediciones de la novela de Gabo y poco a poco veo como empiezan a fluir y llenan una carilla y la siguiente. Al final me entregan varios párrafos muy bien argumentados.

Suena el timbre de salida, los muchachos recogen sus mochilas para irse. Varios de ellos se van a la pre de las universidades a las que postularán en el verano.

Y yo me pregunto si los padres estarán contentos de pagar 600 soles al mes para que sus hijos pierdan clases porque a la coordinadora y a varios colegas se le achicharra el cerebro cuando escuchan la palabra piñata.

Álvaro Felipe



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7 comentarios para “Anecdotario docente 1: La piñata”

  1. anonima española dice:

    un texto increible!!!

  2. kokyjabn dice:

    Hubiera sido interesante que en la reunión dieras tu punto de vista sobre la piñata y sobre la situación en general; una salida inteligente hubiera permitido ahorrar esos minutos. A veces pasa y si uno tiene la solución lo mejor es decirla.
    Se que no deseabas entrar en algo que te parecía una tontería; pero dado el caso y que necesitaban una simple solución, quizá eso hubiera sido lo más efectivo. También estaba la opción de decir, sin perder la cortesía, que el tema no era relevante y que la piñata podrían dejarla para otra festividad del aula o discutirlo en otro momento.

    A lo mejor, si te vuelve a pasar algo así; con la experiencia que has tenido, sabrás que quizá tengas que meterte para ahorrar tiempo, dandoles una salida inteligente o mostrando que eso debe ser discutido en otro momento y entre 2 personas en vez de todo el profesorado.

    kokyjabn@hotmail.com
    http://kokyjabn.blogspot.com

  3. marycielo dice:

    Yo fui tu alumna justo en este colegio, entiendo que quieras expresarte pero Hay algunas cosas en las que te sobrepasas, los docentes como Julia Calderon, Percy Widdup, David falconi son excelentes maestros y amigos y realmente mo deberias juzgar a las personas por pequeños detalles. Respecto a marianela, tienes toda la razon. por otra parte estas en lo cierto respecto a la perdida excesiva de clase, aunque ahora ya no sea de esa forma. ademas, debo decir que no cantas nada bien, creeme que todos recordamos aquella inolvidable escena tuya tratrando de cantar “tu carcel”.

    • Lamentablemente, lo que cuento sobre esos docentes es la pura verdad. Que sean buenos amigos tuyos, no lo pongo en duda, pero eso no hace que sea mentira lo que yo cuento. Por otro lado, es abusivo que digas que “canto mal”, lo correcto es decir “cantaste mal” porque apenas me escuchaste en una ocasión. En mi defensa puedo decir que me pusieron entre la espada y la pared para hacer algo por la directora (cuyo nombre acaba de nublarse de mi cabeza) y nunca habia cantando antes en público y estaba que me moría de miedo y Renzo y su manchita me sabotearon desenchufando la guitarra (igual le hicieron al teacher Fredy, pero yo me percaté y enchufé la guitarra).
      Ahora ya le hago al canto :D

  4. elizabeth dice:

    que gracioso,pero lo preocupante es que es verdad

  5. ishika dice:

    pues.. si
    siempre por cosas tontas discuten
    ..al menos la tutora de trilce que yo tenia si era asi
    hasta los alumnos les faltaba el respeto..
    no tenia caracter…
    pero felizmnte ya termino el año para ella no?

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