Anecdotario docente – 3
Colegio Ingeniería, Av Wiesse, Canto Rey, San Juan de Lurigancho. Lima, Perú.
Suena el timbre de salida, todavía debo quedarme unos minutos más hasta que termine de corregir las evaluaciones diarias. Me faltan unas veinte todavía. A ver, “escriba dos oraciones unimembres con verbo conjugado”, “profesor no me jale”. Esa oración es bimembre, y pa colmo payaso el chibolo. Jalado. “Indique cuatro conjugaciones del verbo andar”, “andamos, andé, anda, andaron”. Jalado, si atendieran la clase en vez de andar jugando.
Terminé, notas al registro y me voy a casa, tengo hambre, ojalá haya qué comer. En la recepción firmo mi horario de salida en el cuaderno de asistencia. Mierda, Natalia se acerca a decirme algo. Cada vez que abre la boca es solo para decir estupideces, que dirá ahora esta niña.
-Felipe -me dice-, hay un comunicado que debes firmar.
-Firmo mi salida y lo veo -le digo y ella regresa a su escritorio.
Me fijo en el comunicado, es una invitación para un almuerzo y un agazajo para los docentes por el día del maestro. Dice que el evento iniciará a la una de la tarde y que las clases se suspenderán a partir del mediodía. Me sorprendo, creí que Liceta era de los que puedes amaestrar solo con enseñarle una moneda, pero parece que andaba equivocado. Firmo el comunicado y me voy a casa. Me preguntó un par de veces como será el agazajo, pero con que haya comida me conformo.
Al día siguiente, en el local de Zárate, me tocan la puerta durante la clase.
-Puedo hablar con los alumnos un momento -me dice el instructor Tolentino mientras acerca el pulgar y el índice y entrecierra los ojos.
-Por supuesto, adelante.
El instructor ingresa y ordena a los alumnos que se pongan de pie. Cuando vuelven a sentarse, les dice:
-Como ustedes saben, el viernes próximo es el día del maestro y, para conmemorar una fecha tan especial, se pide también la colaboración de nuestros alumnos. Esto ya se les dijo la semana pasada -alza la voz con firmeza mientras habla- y hoy solo he venido a recordarlo. Son seis soles la cuota que debe dar cada alumno pero veo en la lista que más de la mitad de ustedes no ha pagado. ¿Qué están esperando esos jóvenes? -esfuerza más la voz para dar un tono furibundo- ¿Acaso no agradecen la labor que los profesores hacen por ustedes? -algunos hacen gestos de desagrado, otros me miran y sueltan una sonrisa cómplice- ¿O es que no quieren que sus profesores sean homenajeados por su día?
No hay respuesta, solo algunos gestitos de desaprobación.
-Tengo acá la lista de los alumnos que todavía deben los seis soles -continúa Tolentino y empieza a llamar uno por uno a cada alumno que no ha pagado. Cada uno de ellos se pone de pie desde su ubicación y balbucean sin saber que responder ante la voz firme y la actitud del instructor que los intimida. Cuando termina con todos recalca que al día siguiente volverá a pasar por el salón y que espera que ya nadie deba para entonces.
Se va y continúo con mi clase, prefiero no comentar el incidente porque se iniciaría un debate de nunca acabar y no culminaría con el tema que estábamos estudiando.
Al día siguiente, en el local de Wiesse, escucho un discurso similar de parte de Natalia (directora de ese local, aunque es inverosímil para alguien con ese nivel de ineptitud). Aunque cargado de insolencias y silencios largos, propios de su inteligencia lenta. Por conversaciones con colegas y alumnos, me entero que se está condicionando el derecho a dar los exámenes diarios a quienes no hayan cancelado los seis soles para el día del maestro. Empiezo a pensar que Liceta sí es amaestrable con una moneda.
Llega el día del maestro. Algunos alumnos me saludan pero veo que es porque ellos se acuerdan: no hay ningún fomento de parte del colegio. Al menos, pienso, hoy saldremos de clase al mediodía. Pienso no ir al agazajo, solo me gusta comer, pero en esas reuniones generalmente abunda la bebida y escasea la comida. Sin embargo hace tiempo ando correteando a Liceta para pedirle un préstamo, así que iré, no habrá forma de no hablar cara a cara con él en ese contexto.
Como se comunicó, las clases se suspenden a mediodía y de mala gana (y con un poco de fiebre) voy al agazajo. La cita era para la una pero Liceta, en su eterno carro cochino, llega después de las cuatro. Pero ni siquiera pide disculpas, saluda a algunos lustrabotas y una media hora recién ya está empezando su almuerzo. Evade mis intentos de hablarle de dinero y cuando, después de la comida y los regalitos de cinco soles, la mayoría decide irse al local de zárate a continuar la borrachera, prefiero irme a casa. Un día perdido, la fiebre me ha aumentado y regreso sin respuesta. Mi computadora debe seguir esperando.
Cuando, a inicios del mes siguiente, voy a cobrar mi sueldo en el local de Wiesse, me sorprenden con un descuento injustificable. Reclamo. Natalia me dice que no se me ha descontado nada, sino que el viernes 6 de julio, solo trabajé hasta el mediodía y por eso se me paga menos.
-Pero yo trabajé hasta mediodía porque así comunicaron que haríamos todos para celebrar el día del maestro.
-Si Felipe, pero trabajaste solo hasta el mediodía, no se te puede pagar por el tiempo que no has trabajado.
Siento ganas de estrellarle la cara contra el vidrio del mostrador. Es muy difícil contenerme.
-O sea que ese plato de comida me costó dos horas de clase. ¿Por qué no avisan desde un inicio en vez de robarle el sueldo a la gente de esta forma? Si a mí me decían que por salir temprano me descontarían, me quedaba hasta mi hora de salida normal. ¿Por qué no preguntan?
Otros profesores se llevan la misma sorpresa en otros locales. Varios coinciden en que habrían preferido quedarse en clase antes que se les descuente de esta forma tan rastrera.
-Y eso que Liceta cobró seis soles a cada alumno, o sea, no ha puesto ni un sol de su bolsillo.
Hacemos un cálculo rápido. Seis soles por alumno más dos horas por profesor, salen mas de cuatro mil soles. Y los docentes homenajeados con un almuerzo y unas cuantas cervezas no llegaban a cuarenta. Liceta no solo no gastó un centavo en el “agazajo” sino que hasta obtuvo ganancias.
-Los alumnos pagaron seis soles cada uno -digo yo a un par de colegas indignados- y además perdieron horas de clase. No nos pagan esas horas porque no las trabajamos, pero a los papás si les cobran esas horas aunque sus hijos no las estudiaron. ¿Cómo se llama eso?
-Estafa -dice uno
-La vieja de Liceta -dice el otro.
Álvaro Felipe


Que curiosa historia, me ha gustado mucho; sigue así.
Más bien tengo algo que decir sobre esa estafa de la que fueron víctima los profesores:
Ante todo que es un agasajo para congratular a los profesores, no para desgraciarlos quitándoles su dinero.
La estafa es mayor porque el colegio cobró una pensión a los alumnos para que den clases todos los días que el colegio debe darlas, pero han faltado con su compromiso; en todo caso, el colegio deberían devolverle a los alumnos (o padres) lo que corresponde a ese medio día de clase.
Si todos están poniendo de su parte; el colegio al ceder esas horas de clase para el evento y los niños las horas de clase que han pagado; es de lo más injusto que les descuenten.
kokyjabn@hotmail.com
http://kokyjabn.blogspot.com
Hola Álvaro:
Para empezar me presento. Mi nombre es Giancarlo Gonzales y, al igual que tú, soy docente en esta gratificante especialidad.
Felicito tu labor y el gran logro obtenido por ser el autor del mejor blog educativo del país.
He leído buena parte de tus artículos y a muchos de ellos los encuentro interesantes (puedo decir, incluso, que he aprendido de alguno de ellos). Tú, como docente de esta especialidad, en la mayoría utilizas muy bien la ortografía y la redacción, pero en este, en especial, has cometido una gran cantidad de errores bastante preocupantes. Digo preocupantes porque según lo que leo en los comentarios hay una buena cantidad de alumnos que te toman como referencia, es decir, alumnos que con solo ver algo escrito por ti, piensan inmeditamente que ese escrito es correcto. Espero que revises los errores que señalo en mi comentario y los corrijas; y, tal vez, revises algunos otros que podrían tener faltas.
Espero que tu ego, tan grande a veces como tu talento y esfuerzo, no te impida publicar este comentario y corregir lo que señalo a continuación.
Bueno, Álvaro, me despido deseándote lo mejor y que sigas perfeccionandote en tu labor docente. Saludos y buena suerte.
GIANCARLO GONZALES GONZALES