Resumen de don Quijote (Primera parte – capítulo 11)

Sinopsis:

Esa noche, antes de dormir, y Sancho son recibidos por los cabreros que vivían cerca. Ellos comparten su comida con caballero y escudero y , emocionado, da un largo (y desatinado) discurso donde explica que en los tiempos antiguos (los siglos de oro) no había maldad y como en la época actual sí la hay, se creo la orden de caballería, para defender a los necesitados y a las damas. Los cabreros, a quienes les había caído en gracia, pidieron al cabrero Antonio que cante para un romance. Así lo hace y fue de el agrado del caballero. Finalmente, un cabrero ayuda a Sancho a curarle la oreja herida a con unas hojas de romero.

CAPÍTULO XI

De lo que le sucedió a con unos cabreros

Unos cabreros acogieron amablemente a y a Sancho y con ellos compartieron la comida que llevaban. fue invitado a sentarse en un dornajo puesto de cabeza y Sancho quedó de pie para servirle el vino.

―Para que veas, Sancho ―le dijo ― que la caballería andante encierra el bien quiero que te sientes a mi lado y seas una misma persona conmigo y que comas de mi plato y bebas de mi copa.

―Gran honor ―dijo Sancho― pero con tal que yo tenga qué comer me basta en vez que sentarme en el trono de un emperador. Mucho mejor me sabe la comida en mi rincón sin nadie que me hable de modales o de mascar despacio o beber poco o limpiarme. Así que aunque me honra su ofrecimiento, lo rechazo por ser criado suyo.

―Igual te vas a sentar ―le dijo y lo jaló del brazo para que se siente junto a él.

Los cabreros no entendían nada de esa palabrería, miraban a caballero y escudero con mucha gracia mientras continuaban su comida. Acabada la carne pusieron sobre los cueros varias bellotas y medio queso y pasaron el vino de mano en mano. Cuando había satisfecho su hambre, cogió un puño de bellotas y mirándolas atentamente dijo a todos:

―Dichosa edad y dichosos los siglos que se llamaron dorados y no porque abunde el oro sino porque la gente que de aquella época desconocía los términos de tuyo y mío. En aquella santa edad todas las cosas eran comunes, las plantas, los árboles, las abejas y toda la naturaleza ofrecía sus frutos a quien los necesite. Entonces todo era paz, todo era amistad y concordia y las doncellas se vestían de forma natural sin raras invenciones y aún así iban tan pomposas y bellas como van ahora las cortesanas. Entonces los enamorados se hablaban con el corazón sin usar rodeos de palabras. Incluso no tenía el juez nada que juzgar, las señoras andaban solas sin temor de que alguien intente ultrajarlas. Y ahora, en nuestra detestable época, no está segura ninguna, así se oculte en un laberinto como el de Creta, es por eso, para su seguridad que se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender doncellas, socorrer viudas, huérfanos y necesitados. A es orden pertenezco yo, amigos cabreros, y les agradezco la acogida que aunque por ley natural todos están obligados a acoge a los caballeros andantes, ustedes sin saber esa ley me han acogido y por eso les agradezco.

Toda esta palabrería soltó porque las bellotas le recordaron la edad dorada. Pero fueron palabras inútiles porque los cabreros, sorprendidos y en silencio lo esucharon. Sancho iba comiendo bellotas mientras tanto y más tardó en hablar que la cena en acabarse.

―Para que vea con que ganas lo agazajamos ―dijo un cabrero a ― queremos que escuche cantar a un compañero nuestro que está muy enamorado y sabe leer y escribir y es muy buen músico de rabel.

Apenas dijo esto cuando se oyó la música de un rabel y vieron que el instrumento era tocado por un joven de unos veinte años. Le preguntaron si había cenado y como dijo que sí, le dijo uno:

―Entonces, Antonio, podrás ofrecernos el placer de escucharte cantar para que este señor que tenemos de huésped te escuche y se solace con tu música. Cántanos el romance de de tus amores que compuso tu tío.

―Encantado de cantar para ustedes ―dijo el joven.

Y sin hacerse de rogar, se sentó en un tronco y afinando su abel comenzó a cantar más o menos de esta manera:

Yo sé, Olalla, que me adoras,
puesto que no me lo has dicho
ni aun con los ojos siquiera,
mudas lenguas de amoríos.


Porque sé que eres sabida,
en que me quieres me afirmo;
que nunca fue desdichado
amor que fue conocido.


Bien es verdad que tal vez,
Olalla, me has dado indicio
que tienes de bronce el alma
y el blanco pecho de risco.


Más allá, entre tus reproches
y honestísimos desvíos,
tal vez la esperanza muestra
la orilla de su vestido.

De esa forma el cabrero terminó su canto y aunque pidió que cante más, no lo quiso así Sancho que quería dormir y no canciones y le dijo a su amo que los cabreros también necesitaban dormir.

―Tienes razón, Sancho ―dijo ― acomódate donde puedas que los caballeros como yo lo pasan mejor velando que durmiendo. Pero antes te pido que me cures la oreja que me está doliendo demasiado.

Lo hizo Sancho y un cabrero cogió unas hojas de romero, las mascó, las mezcló con un poco de sal y se las aplicó a en la oreja y se la vendó muy bien, asegurándole que con esa medicina bastaba para curarlo y tenía razón.

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0 Responses to Resumen de don Quijote (Primera parte – capítulo 11)

  1. piola says:

    sos un groso.. ya sali del apuroo

  2. jose says:

    que buen resumen
    gracias!
    oja sigas haciendo otros capitulos

  3. Becky says:

    me ha salvad la vida..!! mil gracias =)

  4. ROMEO says:

    MUCHAS GRACIAS YA ENTENDÍ ESTE CAPITULO¡¡¡¡ SOS GRANDE¡¡¡¡¡

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