Resumen de Cien años de soledad – Capítulo 4

Sinopsis:

Para estrenar la casa nueva, Úrsula encarga una pianola de Italia. Para armarla viene un experto Italiano, Pietro Crespi de quien se enamoran Rebeca y Amaranta. Mientras tanto, José Arcadio Buendía desarmó y malogró la pianola buscando al pianista invisible. Pietro Crespi regresó a componer la pianola y cuando volvió a irse. Rebeca cayó deprimida hasta que le llegó una carta de amor del italiano por medio de Amparo Moscote. La casa se llenó de amor, Aureliano escribía versos por Remedios, Rebeca esperaba el correo con ansias y Amaranta se deshacía en silencio por Pietro Crespi. Aureliano, en medio de una borrachera, se acuesta con Pilar Ternera y le confiesa su amor por la niña. Ella le promete ayudarlo a conquistarla. Cumplió y Aureliano, acompañado de sus padres pidió a la niña en matrimonio. Los padres de ella aceptaron pero con la condición de que se espere a que la niña esté en edad de concebir. Por ese entonces muere Melquíades, lo habían llevado a bañarse en el río y lo encontraron al día siguiente con un gallinazo parado en el vientre. Le hicieron un gran entierro. Para eso, Pietro Crespi había regresado a Macondo a formalizar su relación con Rebeca y Amaranta aprovechó para declararle su amor. El italiano la rechazó y ella renovó sus amenazas de impedir la boda así tenga que matarse. Entonces Úrsula se la llevó de viaje para disipar su pasión. Durante ese viaje, Aureliano se entera que Pilar Ternera está embarazada de él y Jośe Arcadio Buendía se vuelve loco, habla con el fantasma de Prudencio Aguilar por las noches y un día, ante sus arrebatos que destruían la casa, varios hombres lo amarran al castaño. De regreso del viaje, Úrsula y Amaranta lo encuentran ahí y le hicieron un cobertizo para protegerlo del sol y la lluvia.

CAPÍTULO 4

La casa nueva fue estrenada con un baile. Úrsula había encargado costosos menesteres para la la decoración y el servicio y ordenó de Italia el inventó que suscitó la admiración del pueblo: la pianola. La casa importadora la envió por pedazos empacada en varios cajones, junto con un experto, Pietro Crespi, encargado de armarla, afinarla y enseñarles el uso a sus dueños y la forma de bailar la música de moda.

Pietro Crespi era el hombre más hermoso que se había visto en Macondo, rubio y con una elegancia magnífica. Alejado de los dueños de la casa, estuvo varias semanas trabajando en la pianola hasta que un día colocó el primer rollo y el compás de la música hizo que se detengan los ruidos de las obras y la familia se precipite en la sala. José Arcadio Buendía, maravillado el prodigio, instaló la cámara de Melquíades para fotografiar al pianista invisible. Rebeca y Amaranta empezaron a recibir las lecciones de baile que Pietro Crespi les daba bajo la vigilancia de Úrsula. El italiano llevaba unos pantalones ajustados y flexibles, y unas zapatillas de baile. “No tienes por qué preocuparte tanto”, le decía Jośe Arcadio Buendía a su mujer. “Ese hombre es marica”. Pero ella siguió vigilando hasta que Pietro Crespi regresó a Italia. Entonces se organizó la fiesta y la lista de invitados incluía solo a los descendientes de los fundadores de Macondo, ni siquiera las hijas de Apolinar Moscote fueron tomadas en cuenta

Mientras se organizaba la fiesta, José Arcadio Buendía destripó la pianola para descifrar su magia secreta. Dos días antes de la fiesta, logró malcomponer el instrumento entre un enredijo de cuerdas que se enrollaban por un lado y se desenrollaban por el otro. El día de la fiesta los descendientes de los fundadores conocieron la casa remodelada y se reunieron junto al nuevo invento que había sido cubierto con una sábana blanca. Pero cuando Úrsula colocó el primer rollo, la pianola no funcionó. Melquíades, desmigajándose de decrepitud, intentó componerla hasta que, por descuido, José Arcadio Buendía movió un dispositivo atascado y la música salió desafinada y en desorden. Pero la euforia de la fiesta pudo más que el trastrueque melódico y el baile se prolongó hasta el amanecer.

Pietro Crespi regresó de Italia para componer la pianola y Rebeca y Amaranta lo ayudaron. Era tan afectuoso y honrado que Úrsula renunció a la vigilancia. Luego que el italiano se despidió con un discurso sentimental prometiendo volver muy pronto, Rebeca se encerró en su cuarto a llorar. Fue un llanto inconsolable que se prolongó por varias semanas y cuya causa no conoció nadie. Mientras bordaba con sus amigas una lágrima de nostalgia se salaba el paladar cuando veía la tierra húmeda y volvió a comerla. Al principio lo hizo por curiosidad pero su angustia la hizo soportar el mal sabor de la tierra en la boca y se echaba puñados en los bolsillos y comía sin ser vista mientras conversaba con sus amigas sobre otros hombres. Solo la tierra le hacían sentir menos lejano al único hombre que merecía esa degradación, como si le diera un poco de paz en el corazón. Un día, Amparo Moscote visitó la casa. Amaranta y Rebeca, sorprendidas por la visita repentina la recibieron con un formalismo duro. En un descuido de Amaranta, le entregó una carta a Rebeca. Ella alcanzó a reconocer la letra de Pietro Crespi en el sobre y se escondió la carta en el corpiño mirando a Amparo Moscote con una expresión de gratitud y complicidad hasta la muerte.

Cuando Aureliano vio que cuando vio que Amparo Moscote visitaba la casa se decía a sí mismo: “Tiene que venir con ella”. “Tiene que venir”. Tantas veces se lo repitió que una tarde, mientras armaba un pescadito de oro en su taller, vio a la niña parada en la puerta.

—Entra —le dijo Aureliano.

Remedios se aproximó y le hizo unas preguntas sobre el pescadito. Melquíades estaba sentado en el rincón y Aureliano lo odió pues no pudo hacer nada, solo ofrecerle como regalo el pescadito a la niña. Pero ella se asustó tanto con el ofrecimiento que abandonó a toda prisa el taller. Desde entonces Aureliano perdió la paciencia y descuidó su trabajo. La buscó con desesperación y pasaba horas escuchando los valses de la pianola junto a Rebeca. A ella le recordaban a Pietro Crespi, a Aureliano todo, hasta la música, le recordaba a Remedios.

La casa se llenó de amor. Aureliano lo expresó en versos que no tenían principio ni fin. Los escribía en los ásperos pergaminos que le regalaba Melquíades, en las paredes del baño, en la piel de sus brazos, y en todos aparecía Remedios transfigurada: Remedios en el aire soporífero de las dos de la tarde, Remedios en la callada respiración de las rosas, Remedios en la clepsidra secreta de las polillas, Remedios en el vapor del pan al amanecer, Remedios en todas partes y Remedios para siempre. Rebeca esperaba el amor a las cuatro de la tarde que era la hora a la que llegaba la mula del correo cada quince días, pero ella esperaba a diario, confiada en que un día llegaría antes de la fecha. Pero sucedió lo contrario y no llegó en la fecha prevista. Loca de desesperación, se despertó a medianoche y comió puñados de tierra masticando lombrices y rompiéndose los dientes con los huesos de los caracoles. Vomitó hasta el amanecer. Úrsula, escandalizada, forzó la cerradura del baúl y encontró las cartas de amor perfumadas.

Una tarde Aureliano fue a la tienda de Catarino con sus amigos Magnífico Visbal y Gerineldo Márquez. Bebieron guarapo fermentado con mujeres sentadas en sus rodillas. Aureliano no supo en que momento empezó a flotar y recuperó el sentido de la borrachera en una madrugada ajena en un cuarto extraño donde Pilar Ternera lo alumbraba con una lámpara.

—¡Aureliano!

Ignoraba cómo había llegado ahí, pero sabía cual era el motivo. Se puso de pie y le dijo lo que guardaba en el corazón desde la infancia.

—Vengo a dormir con usted.

Pilar Ternera no le hizo ninguna pregunta, lo llevó a la cama, le limpió el vómito y bajó mosquitero para que sus hijos no los vieran si se despertaban. Cuando terminaron, Aureliano estaba llorando, primero con unos sollozos entrecortados y luego se vació en manantial desatado, sintiendo que algo se había reventado en su interior. Pilar Ternera le preguntó: “¿Quién es?”. Aureliano se lo dijo. “Tendrás que acabar de criarla”, se burló. Pero después de la burla le hizo una promesa espontánea:

—Voy a hablar con la niña —le dijo—, y vas a ver que te la sirvo en bandeja.

Cumplió, pero en mal momento porque la casa había perdido la paz de otros días. Al descubrir la pasión de Rebeca, Amaranta sufrió un acceso de calenturas. Al no tener forma de averiguar la causa, Úrsula forzó la cerradura del baúl y encontró las cartas escritas de amor escritas por Amaranta y nunca enviadas a Pietro Crespi. Maldijo la hora en que se le ocurrió ordenar la pianola y decretó un luto sin muerto hasta que sus hijas desistieran de sus esperanzas. Por eso, cuando Pilar Ternera le dijo a Aureliano que Remedios estaba decidida a casarse, él comprendió que la noticia terminaría de atribular a sus padres, pero le hizo frente a la situación y se los dijo. “El amor es una peste”, tronó José Arcadio Buendía. “Habiendo tantas muchachas bonitas y decentes, lo único que se te ocurre es casarte con la hija del enemigo”. Pero, vencido ante el entusiasmo de su mujer que estaba de acuerdo, aceptó con una condición: Rebeca se casaría con Pietro Crespi porque era la correspondida de él y Amaranta sería llevada en un viaje para aliviar su desilusión. Amaranta fingió aceptar la decisión pero se prometió que Rebeca se casaría solo pasando sobre su cadáver.

El sábado siguiente, Aureliano pidió en matrimonio a Remedios acompañado de sus padres. El corregidor y su esposa creyeron que había equivocado el nombre y trajeron a Remedios para disipar el error. Cuando le preguntaron si quería casarse, ella contestó llorando que solo quería que la dejaran dormir. “Esto no tiene sentido”, dijo consternado Apolinar Moscote. “Tenemos seis hijas más, todas solteras y en edad de merecer, que estarían encantadas de ser esposas dignísimas de caballeros serios y trabajadores como su hijo, y Aurelito pone los ojos precisamente en la única que todavía se orina en la cama”. Finalmente, los Moscote consintieron el matrimonio, pero con la condición de que se espere hasta que Remedios esté en edad de concebir pues aún era impúber.

La armonía recobrada fue interrumpida por la muerte de Melquíades. Se había vuelto decrépito, estaba perdiendo la vista y el oído, Úrsula le había dispuesto un cuarto contiguo al taller de Aureliano cuando remodeló la casa. El nuevo lugar pareció agradar a Melquíades porque no se lo volvió a ver en el comedor. Solo iba de vez en cuando al taller de Aureliano donde pasaba horas garabateando en sus viejos pergaminos. Pronto la piel se le cubrió de musgo y Aureliano terminó por olvidarse de él. Solo Arcadio se aproximó un poco a él. Años después, frente al pelotón de fusilamiento, Arcadio había de recordar la frase de Melquíades: “Cuando me muera, quemen mercurio tres días en mi cuarto”. Cuando su respiración comenzó a oler lo llevaban a bañarse al río los jueves por la mañana. Un jueves, antes que lo lleven al río, Aureliano le oyó decir: “He muerto de fiebre en los médanos de Singapur”. Ese día se metió en el agua por un mal camino y lo encontraron a la mañana siguiente, varios kilómetros más abajo con un gallinazo parado en el vientre. José Arcadio se negó a que lo enterraran, “Es inmortal —dijo— y él mismo me reveló la fórmula de la resurrección”. Revivió el atanor y puso a hervir un caldero de mercurio por setenta y dos horas y cuando permitió que lo entierren el cadáver empezaba reventarse en silbidos que impregnaban la casa de un vapor pestilente. Fue el primer entierro y el más concurrido que hubo en el pueblo y en su lápida se escribió lo único que se sabía de él: MELQUÍADES. En el tumulto del velorio, Amaranta encontró una ocasión de confesarle su amor a Pietro Crespi que para entonces había formalizado su relación con Rebeca. El italiano no la tomó en serio:

—Tengo un hermano menor —le dijo—. Va a venir a ayudarme en la tienda.

Amaranta, humillada, lo amenazó con detener su boda, así deba atravesar la puerta con su propio cadáver. Pietro Crespi se lo contó a Rebeca y entonces Úrsula decidió apresurar el viaje de Amaranta.

—No te hagas ilusiones —dijo Amaranta a Rebeca al despedirse—. Aunque me lleven al fin del mundo encontraré la forma de impedir que te cases, así tenga que matarte.

Con la ausencia de Úrsula, Rebeca quedó a cargo de la casa y Pietro Crespi le llevaba juguetes de cuerda como regalo en cada visita. Esos juguetes prodigiosos aliviaron la aflicción de José Arcadio Buendía por la muerte de Melquíades. Aureliano, por su parte, enseñaba a leer y a escribir a la pequeña Remedios que poco a poco prefirió sentarse a estudiar con Aureliano que a sus muñecas y sus juegos.

Solo Rebeca era infeliz pues conocía el carácter de su hermana y la gravedad de su amenaza. En busca de alivio llamó a Pilar Ternera para que le lea las barajas.

—No serás feliz hasta que tus padres permanezcan insepultos —fue su pronóstico.

—No entiendo —dijo Rebeca.

—Yo tampoco —respondió Pilar Ternera—, pero eso es lo que dicen las cartas.

Rebeca se lo contó a José Arcadio Buendía y el recordó no haber visto por mucho tiempo el saco con los huesos de los padres de Rebeca. Uno de los obreros le dijo que lo habían emparedado en un dormitorio. Cuando al fin hallaron los huesos los sepultaron en una tumba sin lápida, junto a la de Melquíades.

—Quítate las malas ideas de la cabeza —le dijo José Arcadio Buendía a Rebeca—. Serás feliz.

La amistad de Rebeca abrió nuevamente las puertas de la casa a Pilar Ternera. En cierta ocasión, mientras Aureliano trabajaba en su taller, ella se quedó mirando su labor con una mirada completamente comprensible.

—Bueno —dijo Aureliano—. Dígame qué es.

—Que eres bueno para la guerra —contestó Pilar Ternera—. Donde pones el ojo pones el plomo.

—Lo reconozco —dijo Aureliano con tranquilidad—. Llevará mi nombre.

José Arcadio Buendía había conseguido hacer que una bailarina de cuerda baile sin interrupción por tres días. Ese hallazgo lo excitó más que sus anteriores empresas. No volvió a comer ni a dormir buscando la forma de aplicar el principio del péndulo a todo lo que fuera útil en movimiento. Un día reconoció a un anciano que había entrado a su dormitorio. Era Prudencio Aguilar. Su añoranza de los vivos, la soledad de la muerte era tan intensa que Prudencio Aguilar había terminado queriendo a su peor enemigo. Pero solo pudo encontrarlo cuando Melquíades señaló a Macondo en los mapas de la muerte. Conversaron hasta el amanecer y en la mañana, le preguntó a Aureliano: “¿Qué día es hoy?”. Aureliano le contestó que era martes. “Eso mismo pensaba yo”, dijo José Arcadio Buendía, “Pero me he dado cuenta que sigue siendo lunes porque nada ha variado desde ayer: el cielo, las paredes, las begonias”. Al día siguiente, José Arcadio Buendía insistió en que seguía siendo lunes y no miércoles como decía su hijo. Esa noche, se la pasó llorando por Prudencio Aguilar, por Melquíades, por los padres de Rebeca, por su mamá y por su papá y por todos los que estaban solos en la muerte. El jueves estalló: “¡La máquina del tiempo se ha descompuesto —casi sollozó, seguro de que seguía siendo lunes— y Úrsula y Amaranta tan lejos!”. Paso toda la noche en vela y el viernes, convencido de que seguía siendo lunes, destrozó la puerta y los aparatos de alquimia, el taller de fotografía el de orfebrería y hubiera destrozado toda la casa si Aureliano no pedía ayuda a los vecinos. Se necesitaron diez hombres para tumbarlo, catorce para amarrarlo, veinte para amarrarlo hasta el castaño del patio donde lo dejaron atado, hablando en una lengua extraña y echando espuma verde por la boca. Cuando regresaron Úrsula y Aamaranta lo encontraron atado. Su mujer le soltó las amarras de las muñecas y los tobillos y lo dejó amarrado solo por la cintura. Luego le hicieron un cobertizo de palma para protegerlo del sol y la lluvia.

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11 Responses to Resumen de Cien años de soledad – Capítulo 4

  1. larry says:

    te suplico, por favor si tienes los resumenes que los subas…..te lo agradeceria infinitamente…

  2. larry says:

    perdon, me referia a los ultimos capitulos

  3. jERRY says:

    Estimado Alvaro, gracias por el los resumenes, son muy bien hechos, pero el que lee se queda a medias pues no tenemos tiempo para leer el libro entero. y queda inconclusa tu ayuda.
    Sinceramene
    Jerry

  4. Gabriela says:

    MUCHISIMAS GRACIAS!
    La verdad esque necesitaba leer el libro en muy poco tiempo y tu completo resumen me ayudo bastante. Es el mejor resumen que encontré en la web.

    Nuevamente gracias.
    Saludos desde chile.

  5. juan rojas says:

    Muy bacan ud esa es la gente q uno necesita chimba pa ayudarle

  6. ASTRID says:

    hello!!!!
    me parece muy interesante la forma en la cual has elabrado los resumenes.
    de anticipado muchisimas gracias ps este me a ayudado para poder entender y ewxponer la obra.
    thank you…

  7. Kimberly says:

    Gracias de verdad me parece una buena alternativa que ayudes en lo que puedas y sepas a las personas a traves de este medio, ademas que sales chevere en tus fotiicos…

  8. Andrea says:

    Muy buen resumen esperare por los demas capitulos :)

  9. david says:

    esta pagina es una elegancia gracias a ella puedo entregar eltrabajo a tiempo

  10. vane says:

    hola muchas gracias por su super resumen, si me sirvio y pues es un exelente trabajo el mejor que pude encontrar en a red gracias de verdad

  11. stevan says:

    porfa sube la guia de analisis literaria de todos los capitulos

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