Resumen de El Lazarillo de Tormes (Tratado segundo)
Sinopsis:
Lázaro conoce a su segundo amo: el clérigo. En casa de este no hay nada que comer y Lázaro está al borde de la muerte. Solo puede comer lo suficiente cuando muere alguien al que le dan la extremaunción, de tal manera que Lázaro reza para que los moribundos fallezcan de una vez. Lo único de comer que hay en casa es el pan que el clérigo trae de la iglesia y que guarda en un baúl cerrado con llave. Lázaro consigue la llave del baúl a través de un herrero y puede robar pan hasta que el amo los cuenta. Luego, Lázaro los desmigaja para aparentar que son ratones. El amo tapa los agujeros del baúl y Lázaro abre nuevos agujeros con un cuchillo y así el amo lucha con los supuestos ratones. Derrotado el amo decide poner una ratonera, pero como ni así caen los ratones. Un vecino le dice que debe ser una culebra y una noche, creyendo darle a la culebra, el clérigo le da un garrotazo a Lázaro que llevaba la llave del baúl en la boca. El amo descubre el engaño y apenas Lázaro está repuesto, lo echa de su casa.
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TRATADO SEGUNDO
Cómo Lázaro se asentó con un clérigo y de las cosas que con él pasó
Segundo amo de Lázaro, el clérigo:
Como ahí no me sentía ahí seguro, me fui a Maqueda donde conocí a un clérigo cuando fui a pedir limosna. Él me preguntó si sabía ayudar en la misa y le dije que sí pues lo había aprendido con el ciego. Así el clérigo se convirtió en mi segundo amo.
Pero comparado con este el ciego era un santo. No había persona más miserable en el mundo y no sé si por él mismo era así o si lo había aprendido en su oficio.
Él tenía un arca vieja que cerraba con llave y cuando regresaba de la iglesia, echaba el bodigo que traía en él y lo volvía a cerrar. Esos panes era todo lo que de comer había en casa pues busqué en armarios y cajones y nada pude hallar. La ración que el clérigo me daba era una cebolla cada cuatro días y si alguien estaba de visita en casa, para aparentar bondad, con grandes ademanes mi amo me daba la llave de las cebollas diciéndome que coma todas las golosinas que pueda. Pero pobre de mí se me pasaba de la ración pues después me iba muy mal. De esa forma, iba muriéndome de hambre.
El clérigo mata de hambre a Lázaro
Pero consigo mismo también era avaro el clérigo ya era que poca su comida y su cena. Y aunque me daba parte del caldo y un poco de pan, no alcanzaba ni a comer la mitad de lo necesario. Los sábados, cuando se acostumbraba comer una cabeza de carnero, él le comía los ojos, la lengua, los sesos y los huesos roídos me los daba diciendo:
—Come y triunfa que tuyo es el mundo. Que tienes mejor vida que el Papa.
—Ojalá esa vida la tuvieras tú —le decía en voz baja.
Después de tres semanas de estar con él, me puse tan flaco que no podía sostenerme en pie. Estaba listo para la sepultura si Dios y mi astucia no me ayudaban. Y a este no había forma de robarle porque nada había, y así lo hubiera, no podía cegarle como a mi antiguo amo el que, Dios me perdone, posiblemente murió de aquel golpe.
En el ofertorio no quitaba los ojos de las monedas, las contaba una a una y nunca pude hurtarle ni un maravedí. Él, para disimular su mezquindad, decía:
—Chico, los sacerdotes no deben exagerar en el comer ni en el beber. Es por eso que yo me contengo.
Lázaro desea la muerte de otros para poder comer
Pero el malvado mentía, porque cuando rezábamos en cofradías y mortuorios comía como lobo a costa de otros. Y que Dios me perdone pero cuando dábamos el sacramento de la extremaunción a un moribundo yo rogaba con todo mi corazón que se muera, porque solo en los funerales podía comer como es debido.
Y cuando alguno se salvaba le echaba mil maldiciones encima; y agradecía mucho al cielo cuando alguno moría. Así, en los seis meses que estuve con él, fallecieron unas veinte personas, que creo que las maté yo con mis ruegos.
Y pensé escaparme varias veces pero no tenía fuerzas, además tenía miedo de caer en otro amo peor y así no poder librarme de la muerte.
Lázaro consigue la llave del arca de pan
Pues quiso Dios que un día que mi amo no estaba en la casa toque la puerta un calderero preguntando si tenía algo que reparar.
—A mí deberías repararme y mucho trabajo te costaría —dije en voz baja.
Pero dejando las bromas le dije:
—Tío, he perdido la llave del baúl de mi amo y me va a azotar cuando regrese. Si tiene una llave que le haga, sabré pagárselo.
El calderero empezó a probar cada una de las llaves que tenía y cuando logró abrir el arca y vi los panes, creí ver la cara de Dios en ellos.
—No tengo dinero para pagarle —le dije— pero puede coger de ahí el pago.
Él tomó el mejor de los bodigos y se fue muy contento. Pero ese día no toque ni un solo pan, tan contento estaba que hasta el hambre se me fue
Al otro día despaché rápidamente un pan y luego, cerrada el arca, empecé a barrer la casa con mucha alegría. Pero al tercer día de mis andanzas, mi amo abrió el baúl y, con mucha sospecha, contaba y recontaba los bodigos.
—¡San Juan, déjalo ciego! —rezaba yo con temor.
—Juraría que me han robado panes de acá —dijo luego de un rato— pero no puedo estar seguro. Así que los tendré bien contados a partir de ahora. Hay nueve bodigos y medio.
Solo con escucharlo sentí de nuevo el hambre escarbándome el estómago. Cuando salió de casa, abrí el arca y me quedé mirando los panes sin atreverme a tocarlos. Los conté con la esperanza de que no hayan nueve sino más, pero para mi desgracia el clérigo había contado muy bien. Lo más que pude hacer fue besarlos mucho y sacar unas migajas del pan que estaba partido.
Los siguientes días el hambre creció tanto que cuando estaba solo no hacía otra cosa que abrir el baúl y quedarme mirando los panes. Pero Dios, que socorre a los afligidos, me dio una idea. Como el baúl era viejo y tenía algunos agujeros, podría pensarse que los ratones entraban en él para hacer daño. Así que desmigajé el pan, fui echando pedacitos alrededor y lo que me quedó lo comí. Mas cuando él vino a comer, abrió el baúl, vio los panes desmigajados y sin duda creyó que habían sido ratones.
—¡Lázaro, mira lo que los ratones le han hecho a nuestro pan!
Luego nos pusimos a comer y tuve suerte pues mi amo ralló toda la parte que creía ratonada y me la dio diciendo:
—Cómete eso, que el ratón es un animal limpio.
Pero terminada la comida lo vi tapando los agujeros del baúl con maderas y clavos. ¡Oh señor, dije para mí, que poco duran los placeres de la vida! Yo que pensaba con esa astucia remediar mi hambre, no me duro pues mi amo se apresuró a cerrarme la esperanza. Cuando terminó, muy satisfecho, dijo:
—Ahora, señores ratones, es mejor que cambien de planes, pues en esta casa no conseguirán nada.
Cuando se fue, me puse a revisar el arca y vi que no había un hueco por donde pueda pasar ni un mosquito. La abrí con mi llave y apenas saqué unas migajas. Pero, como la necesidad siempre despierta el ingenio, una noche, mientras mi amo dormía, me levanté muy quedito, cogí un cuchillo y en el lado más débil del baúl hice un agujero del cual saqué unas migas y volví a las pajas donde dormía, un poco consolado.
Al otro día, mi amo, que vio el agujero que hice y el pan dañado, dijo:
—¡Nunca han habido ratones en esta casa hasta ahora!
Y sin duda que eso era verdad porque dónde se ha visto que los ratones vivan donde no hay qué comer. Volvió a buscar clavos y tablillas y tapó el nuevo agujero. Pero llegada la noche, mientras él dormía, yo hice otro. De esta manera pasaron unos días en que lo que el tapaba de día yo destapaba de noche y el pobre baúl estaba lleno de tachuelas por todas partes.
Viendo que no solucionaba nada de esa manera, mi amo dijo:
—Este baúl está tan maltratado y su madera es tan vieja que no podrá resistir el ataque de los ratones. Entonces el mejor remedio será protegerlo desde adentro.
Luego se prestó una ratonera y a los vecinos les pedía pedazos de queso y armó la trampa dentro del arca. Lo cual era para mí una ayuda pues acompañaba mis raciones de pan con el queso. Y como mi amo hallaba el pan y el queso comidos pero no al ratón dentro de la trampa, maldecía preguntándose como el animal puede comer el queso y no quedar atrapado en la ratonera.
El amo cree que es una culebra
Como no era posible que un ratón haga ese daño y no caiga ni una sola vez en la trampa, un vecino le dijo:
—Seguro que es la culebra que andaba en su casa, pues como es larga, puede tomar el cebo y aunque la trampilla le caiga encima, como no entra toda, sale de la ratonera.
A todos les pareció lógico lo que el vecino dijo y a partir de entonces mi amo no dormía tranquilo. Se despertaba ante cualquier sonido y, armado de un garrote, le daba de golpes al arca queriendo matar a la culebra. Luego revolvía las pajas que yo usaba de cama creyendo que ahí se escondía. Casi siempre me hacía el dormido, y en la mañana él me decía:
—¿No sentiste nada en la noche? Pues yo estuve persiguiendo a la culebra y creo que se escondió donde duermes.
—¡Quiera Dios que no me muerda —decía yo—, que mucho miedo le tengo a las culebras!
Así que yo no me atrevía a hacer mis fechorías de noche, pero de día, cuando mi amo se iba a la iglesia, atacaba el baúl. Cuando mi amo regresaba, viendo que la culebra, o el culebro mejor dicho, había comido el pan, la mayor parte de la noche andaba buscándola. Yo tenía miedo de que con tanta búsqueda encuentre mi llave que la tenía escondida entre las pajas, así que la guardé en la boca, que ya la tenía acostumbrada, cuando estaba con el ciego, a guardar hasta doce monedas.
El amo golpea a Lázaro creyendo que le daba a la culebra
Pero quiso mi mala fortuna que una noche mientras dormía, la llave se me puso en la boca en una posición que el aire que yo echaba durmiendo salía por el hueco de la llave y silbaba de tal manera que mi amo oyó el sonido y creyó que era el silbido de la culebra.
Se levantó con el garrote en la mano y se acercó a donde yo dormía. Y creyendo tenerla debajo, descargó un golpe con todas sus fuerzas para matarla, pero me dio tal garrotazo en la cabeza que me dejó sin sentido y descalabrado.
Mi amo, que sintió que me había golpeado, intentó levantarme, pero como sintió la sangre que corría fue a traer luz y cuando regreso me vio con la llave todavía en la boca. Sospechó mucho de aquella llave y la probó en el arca y dio con el maleficio. “Al fin encontré a la culebra y al ratón que devoraban mi hacienda”, supongo que habrá dicho.
Después de tres días recuperé el sentido, estaba tendido en las pajas, con la cabeza vendada y llena de ungüentos.
—Ya he cazado a las culebras y los ratones que me destruían —me dijo.
A esa hora vino una vieja que embalsamaba y unos vecinos. Me quitaron los trapos de la cabeza y me curaron las heridas. Como vieron que había recuperado el sentido, se alegraron y dijeron que ya estaba mejor.
Luego empezaron a reírse de mis travesuras y yo a llorarlas. Luego me dieron un poco de comida y así a los quince días estuve medio sano aunque muy hambriento.
El clérigo echa a Lázaro de su casa
Cuando ya estuve mejor mi amo me cogió de la mano, me llevó a la puerta y sacándome a la calle, me dijo:
—Lázaro, desde ahora no eres mío. Busca un amo y vete con Dios, que yo no quiero un mozo ladrón. Seguramente has sido criado de ciego.
Y haciéndose la cruz como si yo fuera espíritu maligno, me cerró la puerta.
Álvaro Felipe


Alvaro en El Lazaillo de Tormes no puedo pasar al tratado tercero
Muchas gracias
Es porque aun no lo he escrito XD!
Pero paciencia, estará listo en un par de días
no puede ser necesitaba todos los tratados
y ahora mi tarea quedo a medio palo
xdxdxd
XDXD
XD
XD
XD
XD
XD
ALVARO ASI ES CREO?
SI LOS OTROSSSS
TRATADOSSS..
ME MATO SAQUENMEEE..
JJAJA
EN SERIO…
NECSITO….
ESTA RE INTERESANTEEE
COMO VENIAA TODO… DALEEE..
PLIS TODOS NECESITAN BUEEENO,,,
OJALA
QUE PONGASSSS….
LLORO
HOY TENGOO MI PRUEBAAAA
NOELIAAAA
una preg te hago no hay audio en este tratado? porque solo en el 1ro lo pude escuchar
grasias
ami me parece muy buena pero aburrida
muchas gracia álvaro, no sabes cuanto me has ayudado! no podía eneteder este español medieval en que está escrito el tratado pero este site es mi remedio
otra vez muchas gracias!
Álvaro Felipe Dice: En realidad no es español medieval (el que sí hay en El cantar del Mío Cid o el Libro del buen amor) sino español del Siglo de Oro, pero que es complicadísimo entenderlo es una gran verdad. Imaginate que este resumen me tomó más de un año escribirlo.
a todos tienen que ponerle voz a si es mas divertido y didactico y uno se siente mas motivado
de verda? un año! esto es mucho! te admiro por hacerlo, eres un altruista
p.s. como yo no soy hispanohablante (soy de bulgaria), puedes imaginarte que difícil es este español para mí
creo que falta el audio por que es mas entretenido y mas didactico y te motiva
Orale pero que bueno esta esto!!! Gracias macho!!
Esto me ayudara mucho para la prueba…. Esta Padrisimo….
buen resumen y me gusta q hayas puesto el texto original con los titulos de cada parte.A mi es que me da pereza leerme este libro,pero como es para el colegio tengo que hacerlo.ademas hay preguntas q hacer.
GRACIAS
eso esta muy bien pero yo necesito los resumenes de cada capitulo de las andanzas del lazarillo de tormes, editorial bruño, autora concha lopez narvaez. POR FAVOR ALGUIEN ME LOS PUEDE MANDAR? los necesito para mañana es URGENTE!
alvaro veo que no hay audio en el 2º tratado, es que no hay o es que no lo logro ver?? para mi no es pereza leerme todo sin audio,pero claro,con audio te metes mas de lleno en la aventura,contestame si puedes gracias
soloo hay audio en el primer tratado??
gracias Alvaro.. me as ayudado un montón.. ya que tenía que acer el resumen y no sabía ni por donde empezar..! Es un libro genial.. pero se me hace un poco díficil el resumirle .. =S muchas gracias!! 1 beso
Muchas gracias nuevamente!, cuando se vienen los audios
?
Saludos desde Chile!
falta el audio. me convence mucho mas. ademas me quedo mejor en mi cabeza, o sea, a medida que lo leo lo escucho. esta bueno.
Gracias Alvaro me fue de mucha utillidad tu sínopsis de los tratados del Lazarillo.
Se agradce mucho.!
Ariadna Sgromo