Sinopsis:
Juan Pablo cuenta como conoció a María Iribarne. Ella miraba la escena de una ventanita en un cuadro de Castel, presentado en una exposición. La ventanita era tan importante para él que, al notar que alguien se fijaba en ella quedó muy emocionado. Sin embargo, no se atrevió a hablarle.
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III
Todos saben que maté a María Iribarne Hunter. Pero nadie sabe cómo la conocí ni los motivos que me impulsaron a asesinarla.
En el Salón de Primavera de 1946 presenté un cuadro llamado Maternidad. En él se veía a una mujer que miraba jugar a un niño. Pero arriba, a la izquierda, se veía a través de una ventanita, a una mujer sentada en la playa, que miraba al mar como esperando algo. La escena, en mi opinión, sugería una soledad ansiosa y absoluta.
Nadie se fijó en esa escena, los críticos charlatanes me decían lo mismo de siempre: “Sólido, bien estructurado”. Solo una muchacha se quedó mirando la escena de la ventanita, con tanto interés que creo que no vio ni oyó a la gente que pasaba.
La observé con ansiedad y cuando se fue no pude hablarle pues me invadió un miedo invencible. ¿Miedo de qué? Supongo que algo como el miedo de jugar todo el dinero de que se dispone en la vida a un solo número. Cuando desapareció me sentí irritado e infeliz, pensando que la había perdido entre los millones de habitantes anónimos de Buenos Aires.
Aunque fui todos los días al salón, ella no volvió a aparecer. Y durante los meses siguientes solo pensé en ella, en cierto modo solo pinté para ella, como si la escena de la ventanita creciera hasta invadir toda mi obra.
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