Te fuiste sonriendo
como si todo fuera un juego
dejando la estela de cometa
de tus nalgas en la órbita
de mis fantasías adormecidas.
Salpicaste con chasquidos de tu lengua
los segundos de tortuosa reflexión
en que luchaba entre el terror de tus años ilegales
y el paraíso de tu anatomía hospitalaria
(la ropa y la mujer no combinan)
para las yemas de mis dedos
las papilas de mi gusto y la explosión
de tu nombre en los efluvios espasmódicos
de mi hombría fúnebre
penetrando en tu mar de lágrimas
(eres una diosa que nace de la espuma
y que respira el aire intoxicado de
nuestros sudores).
Debes volver con el cantar de los gallos,
debes sonreír en nuestro encuentro.
He anulado compromisos y
he desecho cronogramas
por la única promesa
de nuestro instante
de eterna privacidad.
Álvaro Felipe







