¡Maldito!

Edgar Núñez, un ser que no es humano
Lucanamarca
Comisión de la Verdad y la Reconciliación
Edmundo Camana
Edgar Núñez
Vamos por partes:
1. Lucanamarca
En 1983 Sendero Luminoso realizó una matanza macabra, terrorífica, tan monstruosa que hay que hacer esfuerzos para contener el llanto mientras se lee el informe de la CVR sobre el suceso. Intentaré explicarlo brevemente e intercalaré fragmentos del informe.
Lucanamarca es un pueblo se encuentra en Ayacucho a unas diez horas de Huamanga. A esa zona Sendero Luminoso había ingresado desde los años sesenta (recién en 1983 la zona contó con una policía antisubersiva). En 1983, aparentemente porque los pobladores se habían revelado contra los senderistas ajusticiando a uno de sus líderes, realizaron un trayecto por varios pueblos matando, a su paso, un total de 69 personas.
Las acciones se iniciaron alrededor de las ocho de la mañana en las estancias ubicadas en Yanaccollpa, donde sorprendieron a un grupo de campesinos a los que condujeron a la vivienda del comunero Antonio Quincho junto a otras personas capturadas en las estancias vecinas. Al llegar a este lugar, reunieron a un total de veintinueve personas entre hombres, mujeres y niños, las cuales fueron encerradas en la vivienda y atacados brutalmente con hachas, machetes y armas de fuego. Como consecuencia fueron asesinadas todas las personas que se encontraban en el lugar. Durante estos actos e inmediatamente después de ultimar a las víctimas, los subversivos rociaron agua hirviendo sobre sus cuerpos y aseguraron la puerta de la vivienda con un candado.
Dos días después de intensa búsqueda de sus familiares por distintos parajes de las zonas altas de Lucanamarca, don Antonio Quincho descubrió en su vivienda este escalofriante escenario:
… con las manos y los pies amarrados, hasta las trenzas salidas de las señoritas, a quienes los habían cortado con hacha, cuchillo, pico, incluso les habían echado agua caliente…encontraron a los niños quemados sus manitos, caritas, … a los niños recién nacidos les habían sacado las tripas y pisado sus cabezas hasta que salgan sus sesos..).
De acuerdo con sus propios testimonios, Antonio Quincho y otros familiares de las víctimas, sacaron los cadáveres del lugar donde fueron hallados y los enterraron en una pampacercana.
Informe CVR – p. 46
Continuaron su avance y sus asesinatos y a eso de las cuatro de la tarde llegaron a Lucanamarca. Engañaron a los campesinos para que se reunan, algunos intentaron enfrentar a los senderistas con ondas pero fueron alcanzados por armas de fuego. Los campesinos capturados fueron llevados a la plaza (entre ellos había mujeres, ancianos y niños):
Los pobladores que no lograron huir fueron conducidos por aproximadamente treinta subversivos hasta la plaza de Lucanamarca. En este lugar, los senderistas separaron a los varones adultos de las mujeres y los niños. Los varones fueron obligados a tenderse en el piso frente a la iglesia, mientras que las demás personas permanecieron en una esquina cerca al antiguo local municipal.
De acuerdo con la versión de los testigos, los varones adultos que se encontraban frente a la iglesia fueron asesinados por los subversivos, quienes hicieron uso de hachas, machetes piedras y armas de fuego, mientras daban vivas a Sendero Luminoso. Al respecto, el testigo sobreviviente Marcelino Casavilca relata:
(…) ahí realmente nos hace agachar, diciendo: “ustedes pobres miserables querían escapar”diciendo, ahora tienen que recibir castigo acá, nos han hecho manos amarrados en el cuello ahí. Cuando estuve echado, me manda con una bala, con eso me he quedado desmayado, y acá toda esta parte del brazo está roto, en el cuello con cuchillo después me han matado, ya muerto he quedado, no me daba cuenta ya (…).
Cuando los senderistas se alistaban a proceder de igual forma con un segundo grupo de varones y con las mujeres que se hallaban en la plaza, un niño llamado Epifanio Quispe Tacas alertó con gritos, desde la parte alta de la casa cural, sobre una supuesta llegada de las fuerzas del orden. Al escucharlo, los senderistas se retiraron del lugar. De acuerdo con los testimonios obtenidos, ante la falsa noticia, los senderistas que se hallaban en la plaza iniciaron un conteo en voz alta de su grupo –que habrían sido un poco más de treinta- y se retiraron. En su huída, los subversivos procedieron a saquear y quemar el local municipal, la oficina de correos, así como algunas viviendas y tiendas.
Una vez retirados los senderistas, las mujeres corrieron hasta el lugar donde yacían los cuerpos de sus esposos o familiares a quienes trataron de auxiliar. Los relatos de los testigos dan cuenta de un panorama aterrador; la mayoría de sobrevivientes no sabía que hacer, varias personas aún con vida agonizaban ante la mirada impotente de sus familiares, algunas fueron atendidos tan sólo con agua y pastillas para el dolor, mientras que otros sencillamente morían.
El señor Marcelino Casavilca narra que cuando reaccionó, estaba ensangrentado y observó que la gente a su alrededor estaba muerta“
(…) hasta sus sesos estaban pegados en las paredes, toda la sangre había chorreado, sus narices partidas, las cabezas partidas( …)”
Igualmente, Envenciona Huancahuari refiere que luego la huída de los subversivos, se incorporó y corrió a ver a su esposo Glicerio Rojas Quincho:
(…) cuando me acerqué, estaba convulsionando, aún con vida, tenía la boca partida por el hacha, parte de la masa encefálica estaba fuera del cráneo, porque su cabeza estaba partida en cuatro (…) algunos órganos del pecho habían sido retenidos en la ropa, cuando quise levantarlo de un brazo, ya no lo tenía, estaba separado del cuerpo.
Así, la incursión senderista en el pueblo de Lucanamarca y el ajusticiamiento realizado en la plaza de armas dejaron como saldo diecinueve víctimas mortales, así como varios heridos de gravedad. Al finalizar el ataque de Sendero Luminoso al distrito de Santiago de Lucanamarca, el 3 de abril de 1983, los subversivos habían asesinado a un total de sesenta y nueve personas, entre varones, mujeres y niños.
Brutal y espantoso. Un crimen sin nombre que no debe quedar en el olvido.
2. Comisión de la Verdad y la Reconciliación
Esta fue una comisión creada por el presidente Valentín Paniagua con el fin de investigar y entregar un informe sobre la violencia ocurrida en el Perú en las décadas de los ochenta y noventa en el contexto de la lucha contra el terrorismo. La violencia venía de tres fuentes: Sendero Luminoso, Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y las Fuerzas Armadas del Estado. Las víctimas, como siempre, fueron civiles inocentes.
El informe de la CVR fue entregado en agosto del 2003 durante el gobierno de Alejandro Toledo y daba una cifra de alrededor de 70 mil víctimas de la violencia (unas 20 mi por parte de las Fuerzas Armadas).
Este informe ha recibido muchas críticas, se ha cuestionado a los miembros de la comisión, se ha visto intereses personales en ella, exceso en el conteo de las víctimas y de poner en un mismo nivel a fuerzas armadas y terroristas. Pero han sido críticas que se han perdido en debates y discusiones no muy claras.
3. Edmundo Camana

Edmundo Camaná en la foto que Edgar Núñez atacó con odio
Edmundo Camana falleció hace poco en el hospital militar y era el último sobreviviente de la matanza de Lucanamarca. Copio y pego la reseña del Blog de la Coordinadora de Derechos Humanos:
Los senderistas capturaron a Camana y poco después a un grupo de 12 campesinos que iban al encuentro de éstos al haber tomado conocimiento en plena faena comunal de la presencia senderista en las punas de Lucanamarca. En el paraje de Muylacruz, todos fueron obligados a tenderse en el piso y les asestaron golpes de hacha en la cabeza y extremidades superiores. Cirilo Curitomay y un señor Huamanculí, pudieron escapar. Edmundo Camana quedó tendido junto a los otros campesinos y logró sobrevivir. Despertó varias horas después y sobreponiéndose, se incorporó y regresó a su estancia. Allí consiguió la ayuda de personas que lo condujeron a la posta de Huanca Sancos. Luego de recibir asistencia médica de emergencia fue derivado al hospital de Ayacucho debido a las heridas y contusiones que había recibido en la cabeza y cuello. En el hospital de esa ciudad lo encontró el fotógrafo Oscar Medrano de Caretas y le tomó la foto que hoy se encuentra en la muestra Yuyanapaq. Camana ocultó su identidad, presumiblemente por el temor que sentía por la represalia de los senderistas y dijo llamarse Celestino Ccente, nombre con el que figura en la mencionada exposición.
Cuando se desarrollaron los trabajos de la CVR y se investigó la masacre de Lucanamarca, en julio de 2002, Camana –a quien no se le relacionaba con Celestino Ccente- no colaboró con la investigación y tampoco dio su testimonio como víctima, posición que estaba en pleno derecho de asumir. Por ello no figura en la nómina de víctimas aunque sí es nombrado como sobreviviente en un informe realizado sobre la masacre. En aquella época Camana vivía en Sancos y tenía dificultades para caminar. En abril de 2008, periodistas de Caretas fueron invitados por Comisedh para cubrir las actividades programadas en Lucanamarca a propósito del 25 aniversario de la masacre. Oscar Medrano, el único periodista que llegó hasta Lucanamarca 25 años atrás luego de la masacre, foto en mano buscó a su personaje, Celestino Ccente. Un lucanamarquino, también sobreviviente de la masacre, confirmó a Medrano que el hombre de la foto no era Celestino Ccente sino Edmundo Camana Sumari y que no era de Lucanamarca sino de Huanca Sancos. Fueron a buscarlo y no lo encontraron en su casa, estaba en su estancia ganadera en Condorhuachana. Hasta allí fueron guiados los periodistas por un familiar de Camana y lo ubicaron en una cueva, postrado. No se podía mover, tenía las piernas casi paralizadas. Se desplazaba a caballo, al que lo ayudaban a subir y bajar. Y definitivamente confirmaron que la foto tomada en 1983 correspondía a Edmundo Camana. Esta revelación fue publicada por Caretas en abril de 2008. En septiembre del mismo año, equipos especializados realizaron trabajos en la zona recabando información para el registro único de víctimas del Consejo de Reparaciones, el señor Camana no se registró como víctima.
4. Edgar Núñez
Este es el monstruo y todo indica que el mató (directa o indirectamente) a Edmundo Camaná. Ojala las investigaciones se hagan con la serieda del caso y este miserable pague por el crimen.
Pero vamos al hecho, ¿quién es y qué hizo Edgar Núñez?
Este tipo es un congresista aprista (otra raya más al tigre) que empezó a buscar pretextos incoherentes para desprestigiar a la CVR. Y su caballito de batalla fue la fotografía de Edmundo Camana. Decía él cosas como que la foto era trucada, que sugería que no tenía un ojo y que sí lo tenía, estupideces que rallan con la demencia. Ocram le hizo una entrevista que explica lo que intento decir:
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=qIM6fxU4p7c]
Llegó a decir que Edundo Camana debía ser citado para ser interrogado, cuando ni siquiera puede caminar por las lesiones que le hicieron los senderistas. ¡Increíble, tanta estupidez y ruindad en una persona!, ¡y del gobierno!
Copio y pego de Utero.pe
La historia es esta: la congresista Juana Huancahuari ubicó a Camana precisamente cuando el señor necesitaba ayuda médica. Ella se comprometió a ayudarlo y lo trasladó al Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas, el lugar indicado para tratarlo.
Pues bien. Hace una semana, apareció Raúl Jiménez Camana -sobrino de Edmundo- y se llevó a su tío de la clínica, tal como consta en el registro. Anoche el programa Prensa Libre reveló que Raúl Jiménez es aprista.
Jiménez entregó a su tío a su compañero, el congresista aprista Edgar Núñez. Núñez procedió a internar a Camaná en la clínica del Hospital Militar. No olvidemos que Núñez -el legislador cuyo único oficio consiste en atacar a la CVR- es socio de un grupo de militares en la Universidad Alas Peruanas.
Cinco días después, Edmundo murió en la clínica de los militares. ¿Qué pasó?
Los ciegos que tienen ojos pero no quieren ver le buscarán explicaciones descabelladas a este asunto. Pero la cosa está clara y es que Edmundo Camaná fue asesinado. Ha sido olvidado, insultado, su hija está huérfana y el miserable que lo usó como pretexto para justificar sus mentiras y sus odios.
Ahora, Núñez está pensando en quitarle la paternidad a una niña cuya madre murió en el terremoto de Pisco o a someterla a trabajo infantil. Y no quiere reconocer a otra niña que probablemente sea su hija. Este monstruo es parte del gobierno, del partido del gobierno.
Indignante, con razón Alan, Antero Florez y toda esa gentuza no quieren un museo de la memoria. Para que los peruanos olvidemos nuestro pasado, pues gracias a un olvido semejante García llegó a la presidencia por segunda vez.
Álvaro Felipe
afelipech@gmail.com
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