26 Octubre 2008, 11:27 PM

Muchos profesores preferirían un aula vacía a lidiar con la disciplina
Hace unas semanas la “profesora” Camelia Grieve discutió conmigo porque, con mucha, e injustificada, presunción, cuestionó mi didáctica en clase y desvaloró mi calidad como docente. Días después me enteré por algunos alumnos que la mencionada profesora va al aula de mal carácter, no despierta el menor interés por la clase y (lo horrendo del tema) tiene la costumbre de expulsar alumnos del salón por pequeñeces (pedir prestado un lapicero, murmurar uno con el otro, no estar cien por ciento concentrados en lo que la señora habla, entre otros caprichos). De la indignación que me causó enterarme de esto (y eso que ella se sentía con derecho a cuestionar mi trabajo) nace este artículo.
Todo profesor principiante tiene que enfrentarse con algo que nunca ha visto en la universidad: controlar la disciplina de los adolescentes. Y eso que se dictan talleres y seminarios orientados a manejar la conducta en aula pero de la teoría a la práctica el camino es largo y cuando un adolescente (porque así son ellos) le haga una “payasada” al profesor, este (en la mayoría de los casos) se olvidará de la teoría y buscará el desquite disfrazándolo de “justo castigo”.
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